Pasajero Jueves, 28 noviembre 2019

Conversación en La Catedral cumple 50 años

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Vargas Llosa en el bar La Catedral. La fotografía es de Félix Nakamura

En noviembre de 1969, la editorial Seix Barral terminó de imprimir la tercera novela de Vargas Llosa, Conversación en La Catedral, que llegaría a Lima recién en enero de 1970. Han transcurrido cincuenta años desde su publicación: en ese tiempo, esta novela se ha instalado como una de las obras maestras del Nobel peruano (para muchos, la mejor; para otros, la mejor después de La guerra del fin del mundo). Que un libro como este haya atravesado medio siglo sin envejecer, moderno y vigente todavía, es una evidencia más de que las grandes obras trascienden a sus autores.

A continuación, haré algunos comentarios sobre el origen de la novela, su construcción y las reacciones que generó. No hay ninguna reflexión sobre el fondo social de la novela ni sobre en qué momento se jodió el Perú. Tampoco hay spoilers (Conversación en La Catedral tiene, al menos, UN hecho central que el lector debe descubrir por sí mismo).

1969

Hacia 1969, Vargas Llosa era ya el escritor peruano vivo con mayor proyección internacional. Nacido en 1936, era el integrante más joven del llamado boom latinoamericano, que completaban Gabriel García Márquez (1927), Carlos Fuentes (1928) y Julio Cortázar (1914). En 1962, con apenas 26 años, inició el verdadero boom, el editorial, con la publicación de su primera novela, La ciudad y los perros, que obtuvo el Premio Biblioteca Breve. En 1966, publicó La casa verde, una novela donde las técnicas narrativas se hacían más visibles y más complejas, y la deuda con Faulkner se extendía a la exuberancia del lenguaje. Por este libro obtuvo, en 1967, el Premio Internacional Rómulo Gallegos. También en 1967, Vargas Llosa publicó un cuento largo o novela breve titulado Los cachorros. Por su extensión, Los cachorros suele publicarse junto a Los jefes (1958), el primer y único libro de cuentos de Vargas Llosa, lo que permite confirmar el enorme salto cualitativo que el autor había dado en poco menos de una década.

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La primera edición de Conversación en La Catedral apareció en dos volúmenes. De allí en adelante, se publicaría en un solo tomo

La forma  

Vargas Llosa llevaba un año trabajando en una novela sin estructura. Escribía historias inconexas, primero sobre un guardaespaldas, luego sobre un empresario exitoso, luego sobre una empleada doméstica, luego sobre unos estudiantes de San Marcos, y así. Solo sabía dos cosas: una, que quería escribir una novela ambientada en la dictadura de Odría. La otra, que no le interesaba hablar de Odría sino de la forma en que su gobierno había infectado a la sociedad.

Después de ese año entero de oscuridad, se le ocurrió que el hilo conductor de las varias historias que estaba tejiendo podía ser una conversación: la que sostenían Santiago Zavala y Ambrosio Pardo en el bar La Catedral. A esa conversación central se le sumarían otras, ubicadas en tiempos y lugares distintos, que permitirían conocer al resto de personajes y la relación entre ellos.

Decir que el hilo conductor de la novela es “una conversación” es decir muy poco. Para entender mejor esta técnica, que Vargas Llosa llama “diálogos telescópicos”, podemos servirnos de esta maravillosa escena de Shrek 2.

Shrek y Fiona van a presentarse donde los padres de esta, los reyes de Muy Muy Lejano. El ambiente es festivo: no solo los reyes, sino el pueblo entero, esperan el retorno de la princesa heredera. Sin embargo, apenas los dos ogros bajan de la carroza, todo queda en silencio. Del otro lado de la larguísima alfombra roja están los reyes. Mientras avanzan hacia el centro, cada pareja conversa. Al principio, sus diálogos están claramente diferenciados. Sin embargo, conforme se acercan, las conversaciones empiezan a cruzarse: las palabras finales del diálogo entre Shrek y Fiona dan pie al otro diálogo que, en paralelo, están sosteniendo el rey y la reina. Los diálogos se retroalimentan mutuamente, se vuelven más cortos y más rápidos, más vertiginosos, hasta que terminan construyendo juntos la última frase: no quiero estar aquí.

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Lo que queda del bar La Catedral, llamado así por la forma de su portón de entrada. Foto de SemanarioUniversidad.

Vargas Llosa hace lo mismo en Conversación en La Catedral, pero lleva la técnica al extremo: aumenta el número de personajes, los ubica en tiempos y lugares distintos, y construye un laberinto de voces (José Miguel Oviedo ha contado hasta dieciocho diálogos simultáneos) en el que uno se mueve, literalmente, a ciegas: a diferencia de Shrek, aquí no hay cámaras ni imágenes que nos guíen.

¿Eso hace difícil la lectura de esta novela? Es una de las diatribas más comunes contra algunas novelas de Vargas Llosa (especialmente esta y La casa verde). Yo creo que no. La novela está escrita para que el lector se obligue a estar atento: quién habla aquí, quién dice qué, cuándo lo dice; pero eso, obligarnos a estar atentos, es lo mismo que hacemos cuando vemos series como Dark o The OA. En esta novela, como en esas series, la confusión inicial es parte de la experiencia. Conforme vayamos identificando a los personajes, conforme nos adecuemos al ritmo de los diálogos, ya no tendremos que preguntarnos a cada instante quién habla ni cuándo: en algún momento, simplemente, lo sabremos.

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Foto de Tom Quiroz en la Casa de la Literatura Peruana / RPP

Las críticas

Conversación en La Catedral fue recibida con menos unanimidad que los libros anteriores del novelista. En Vargas Llosa, reportero a los quince años, el periodista Juan Gargurevich recoge algunas de las reseñas que se publicaron en los medios peruanos sobre la novela, a inicios de 1970. Se acusaba a la novela de sombría, de excesivamente descriptiva e incluso de escatológica. Algunos señalaron que Vargas Llosa abusaba de las técnicas narrativas con las que estaba obsesionado.

En una conversación reciente que sostuvo con Juan Cruz (y que comparto abajo) Vargas Llosa admitió que, a diferencia de otras novelas suyas, esta no tuvo un recibimiento inicial alentador y que, más bien, fue ganándose lectores con el paso de los años.

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Portada clásica de Seix Barral.

Mi crítica favorita del libro, sin embargo, proviene de OpusLibros, un portal creado por exmiembros del Opus Dei. Entre otros muchos documentos, OpusLibros ha filtrado varias de las recensiones (reseñas) que elaboraron los pastores del Opus Dei para orientar (es decir, controlar) la lectura de sus feligreses.

Hay recensiones sobre ocho libros de Vargas Llosa. El autor de la nota sobre Conversación en La Catedral (que firma como J.M.I.) es un lector magnífico. Hace una valoración técnica de primer nivel sobre la novela. Explica con precisión el mecanismo de los diálogos telescópicos, pero esta es solo una de las tantas técnicas de la novela: también explica, por ejemplo, cómo Vargas Llosa “introduce acertadas modificaciones de la sintaxis y de la grafía convencional, con el fin de apurar la velocidad del relato, y de suprimir las explicaciones intermedias que no sean significativas de por sí”. Y aunque su valoración doctrinal del libro es severísima (en una nota al pie advierte que “La novela está llena de obscenidades y de descripciones aberrantes y repulsivas, a las que se ha evitado hacer cualquier referencia en la presente recensión”) no le niega ningún talento a Vargas Llosa:

No obstante los graves inconvenientes morales que ofrece esta novela, se le puede reconocer un notable valor formal como obra literaria, lo cual la hace aún más peligrosa. Su lectura resulta muy entretenida, por la fuerza descriptiva, por los brochazos rápidos y certeros con que define las situaciones y circunstancias, por la pluralidad de mundos que mezcla y entrelaza con habilidad, por la desenvoltura coloquial de su prosa…

Videos, audios y libros al respecto

Hace poco, con ocasión del cincuentenario de Conversación en La Catedral (que tendrá, según entiendo, una edición conmemorativa), Vargas Llosa sostuvo una charla con el periodista Juan Cruz.

En este audio, Vargas Llosa lee las primeras páginas de Conversación en La Catedral

En una conferencia para la Cátedra Alfonso Reyes, Vargas Llosa sintetiza las ideas sobre técnicas narrativas que ya había expuesto en su didáctico libro Cartas a un joven novelista. También se explaya sobre las técnicas de Conversación en La Catedral en el libro Conversación en Princeton, que recoge su charla con los alumnos de Rubén Gallo.

Sobre los entretelones de la publicación de La ciudad y los perros, puedes leer Biografía de una novela, la magnífica investigación de Carlos Aguirre.

Al recibir el Premio Rómulo Gallegos, Vargas Llosa pronunció en Caracas uno de los discursos más potentes de nuestra lengua: La literatura es fuego.

*Si quieres escuchar más audios de Vargas Llosa leyendo fragmentos de sus propios libros, puedes revisar este post donde los reuní.

*Si quieres ver más conferencias, charlas o clases de Vargas Llosa, puedes ver aquí una selección que hice.

 

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