Pasajero Viernes, 28 febrero 2020

«René», el tema de Residente sobre la depresión

Hace tiempo dejé de escuchar la música de René Pérez, líder de lo que fue Calle 13. Me divertí con el desenfado de su primer disco, y había disfrutado mucho los dos álbumes posteriores, pero ahí me quedé. El punto de quiebre fue su accidentada presentación en Lima el 2011, que inició cinco horas tarde porque, ya estando en Perú, la banda decidió viajar a Venezuela para asistir a una manifestación política. A partir de entonces, poco a poco, su música dejó de interesarme y le perdí el rastro. Hasta ahora.

Ayer, Residente publicó «René», esta canción:

Dicho en simple, «René» es un testimonio sobre su depresión, pero la depresión, ya se sabe, no es un asunto simple. La mayoría de nosotros no tenemos, como él, fama y dinero, y sin embargo entendemos de lo que está hablando, porque la sustancia de su dolor es común a todos nosotros. Al menos a todos los que, en algún momento, sentimos que la vida nos supera.

Sabemos, como René, que algo va mal: tenemos las emociones envenenadas, ni siquiera lo que debería hacernos felices nos da felicidad («Me siento solo aquí / en el medio de la fiesta»). Tenemos, como él, la consciencia irremediable de nuestros muertos, que ya no podrán acompañarnos («Abuela murió, no me vio tocar en el estadio»). No podemos quitarnos la sensación de que, en algún momento, nos perdimos a nosotros mismos, y daríamos lo que fuera por volver a ese punto sin muertos, sin vacío ni dolor, y encerrarnos allí («Quiero quedarme allí, no quiero salir de allí»). Con los años, hemos construido nuestro refugio en un lugar que no es el presente. Como diría Baudelarie: «Siempre voy a ser feliz allí donde no estoy». La nostalgia, los viejos tiempos, el pasado: lo que nos da consuelo también nos atormenta.

La canción no cura ni salva. No ofrece ayuda: pide ayude. No está escrita por quien ha cruzado el río sino por quien teme no poder cruzarlo. Precisamente por eso nos toca.

A pesar de aquello a lo que nos expone, la propia canción da su clave terapéutica: en el pozo oscuro de la soledad, allí donde parece no haber nada, suena, lejana pero presente, la voz de mami, que inventa una melodía para enseñarnos la lección. Y suena, también, la voz de papi, o de alguien a quien podríamos llamar papi: Rubén Blades, ídolo y padre, canta por todos los que no sabemos hacerlo, y él, que tantas palabras ha dicho, esta vez canta sin decir palabra, con su voz herida, como si no supiera qué decir y solo cantara para que sepamos que está ahí, haciéndonos compañía.

Al final, de eso se trata. Ojalá algo de ese pequeño consuelo regrese a René, ahora que tanto lo necesita.

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*Si te sientes en una situación similar a la que describe Residente en esta canción, pide ayuda. En este post recogí (en el punto 9) los nombres de algunos centros médicos dedicados a la salud mental que ofrecen precios accesibles.

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