Pasajero Viernes, 21 julio 2017

Tres propuestas para las próximas colecciones de libros

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.
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Hermione Granger con los libros de la colección Vargas Llosa de Alfaguara

Hace algunas semanas terminó de distribuirse la colección de Premios Nobel de El Comercio. Como ya he dicho antes, mi relación con esas colecciones de libros es la de un hincha con su equipo: les tengo fe, las sigo y apuesto por ellas. Ahora bien, en tantos años de comprador, he visto algunas cosas que, creo, podrían cambiar o mejorar.

Las he apuntado aquí. No son recomendaciones reales, sino solo cosas que me gustaría que ocurrieran con las colecciones siguientes. No tengo ni siquiera una vaga idea de cómo funciona el universo editorial, así que todo lo que diga en adelante podría ser fácilmente refutado por alguien que conozca mejor la industria. Solo manifiesto lo que me gustaría que pasara en adelante, y, en ese sentido, hablo desde el lugar de quien ha seguido, perseguido y esperado las colecciones populares durante quince años. Esa es mi única autoridad.

Que las colecciones vuelvan a ser populares

Una cosa es pagar cinco o diez soles por un libro que llega al quiosco de tu barrio. Otra, muy distinta, es pagar 20 soles, o 25, o 40. Si esos hubieran sido los precios en 2002, en casa hubiera sido imposible conseguirlos.

Tampoco sé si estas colecciones venden, es decir, si son un negocio rentable. Quiero creer que sí. Porque no nos engañemos: nadie distribuye libros en los quioscos del país por amor al arte. Quieren plata, y está bien. Y está muy bien que quieran conseguirla ofreciendo un producto a precio accesible, sobre todo para un público que, de otro modo, no podría permitírselo: porque no tiene para comprar, porque las librerías le quedan al otro lado del mundo, porque no tiene el día para pasearse por ferias y librerías de viejo.

La idea es que esos productos estén al alcance de los posibles consumidores: gente que ha ido a hacer el mercado y le sobró un poco de dinero, chicos que están pensando qué hacer con su propina, padres y madres que quisieran, con lo poco que tienen, ofrecer a sus hijos otra alternativa para el aprendizaje y el entretenimiento.

Y a nadie le sobran 30 soles en el mercado. Por lo menos, a nadie que necesite que una colección sea popular, porque es la única que podría comprar: si quieren que el negocio funcione, piensen en ese público al que debería dirigirse. Y vayan hacia él.

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Un libro por cada colección que hay en casa (muchas de ellas incompletas)

Que se incluya a más mujeres

La colección de El Comercio que acaba de terminar, de premios Nobel, incluye a tres mujeres: Doris Lessing (La buena terrorista, salió el 28 de febrero), Alice Munro (La vida de las mujeres, el 7 de marzo) y Toni Morrison (La canción de Salomón, el 4 de abril). Hasta donde recuerdo, la anterior edición de Premios Nobel, publicada también por El Comercio entre 2003 y 2004, no incluía a ninguna mujer.

Es más: esta cantidad de mujeres (3) es la misma que hay todas las demás colecciones juntas. Recuerdo dos libros de Isabel Allende (La casa de los espíritus y Eva Luna) y una compilación de cuentos escritos por mujeres. Ah, y Amantes y enemigos, de Rosa Montero. Nada más. Es muy poco teniendo en cuenta que se han publicado cientos de obras.

Sé que, desde hace mucho, ninguna colección es dirigida por el diario, sino que vienen de otras partes y son distribuidas aquí, pero, si se diera el caso, si en algún momento el diario se animara, si alguna distribuidora tuviera la iniciativa, podría buscarse un poco más de equilibro en las colecciones.

Incluso, podría hacerse una colección solo con mujeres: 30 volúmenes de novelas y libros de cuentos escritos por ellas. Con lo poco que hemos leído a mujeres (podemos incluso terminar una carrera universitaria sin haber leído jamás a ninguna), una apuesta así ayudaría mucho a ampliar nuestro panorama como lectores. Y con lo caros que están, muchas veces, los libros de mujeres en librerías, esta podría ser una oportunidad para acceder a ellos. Es más, creo que este es el momento adecuado para una iniciativa como esta.

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Algunos de los libros de la colección de Premios Nobel que en el Perú distribuyó El Comercio 

Que se apueste por autores jóvenes

Sin duda esto es lo más difícil. Todos los autores de las colecciones populares, al menos de las que conozco, son mayores de 50 años (por ahí hay dos o tres que no cruzan esa barrera, pero están muy cerca). Se explica en el hecho de que son autores consagrados (bien por la crítica, bien por el público, bien por los medios), así que no es necesario apostar por ellos: su reconocimiento los valida.

Ahora bien, ¿qué pasa con los autores más jóvenes? Aquellos entre los 25 y los 45 años, que ya han publicado, que tienen una carrera encaminada, y sin embargo están limitados al público que puede comprar sus libros, y dentro ese grupo a los que, o bien conoce al autor o bien se atreve a leer a desconocidos.

Que se apueste por escritores jóvenes implica respaldarlos y difundirlos, pero también significa un ejercicio más complejo todavía: establecer un canon. Supongo que es difícil proponer uno, pero alguien tiene que hacerlo. De esa manera, tendremos una idea más clara sobre de qué estamos hablando cuando nos referimos a la “literatura contemporánea reciente”.

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Puedes leer:

Elogio de las colecciones de libros populares

Mujeres sobre mujeres: 20 lectoras recomiendan a 80 escritoras

 

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.