Pasajero Miércoles, 12 diciembre 2018

Apunta, amigo secreto: siempre puedes regalar Millennium

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Ejemplares de Millennium 1 que se encuentran en el Metro de San Miguel

He participado del amigo secreto suficientes veces como para detestar el juego. He recibido frascos de Varon Dandy que no pedí (“colonia” ni siquiera era una de mis opciones), y también una triste agenda 2012, de esas que se compran en cualquier librería y que, por supuesto, tampoco puse entre mis opciones de regalo.

Por eso, soy de los que señala claramente qué quiere recibir por Navidad: prefiero evitar las decepciones. Sin embargo, hay gente que insiste en ser “sorprendida”, o que pide regalos tan genéricos como “unos zapatos”, “un polo para ir a la playa” o “un buen libro”.

Si alguien te ha pedido “un buen libro” (ojo, tiene que haberlo pedido, es un poco atorrante regalar un libro a quien no lo ha pedido ni parece quererlo) pero no ha puesto un autor o un género como referencias, aquí te traigo una opción segura para que tu regalo se convierta, para esa persona, en EL regalo de esta Navidad.

Hace pocos días, encontré en el Metro de San Miguel varios ejemplares de Los hombres que no amaban a las mujeres, el primer volumen Millennium (la saga del escritor sueco Stieg Larsson) a 19.90 soles. Ya he visto el libro a ese precio en otros supermercados, y también, creo recordar, en Crisol. 20 soles parece poco dinero pero es el precio base de muchos juegos de intercambio de regalos y, para quien quiere comprar un libro, es un margen bastante limitado.

Normalmente, la oferta de libros en los supermercados es lamentable: adaptaciones y mutilaciones, editoriales sospechosas, títulos que no se han vendido en ninguna parte, y una que otra novedad interesante que ha caído allí de milagro. Hubo una época en que Planeta llevó a Tottus algunos de sus saldos, y a precios increíbles (allí compré Triste, solitario y final de Osvaldo Soriano y Apologías y rechazos de Ernesto Sabato, a 9.90 cada uno), pero eso fue hace varios años. El distrito donde vivo, La Perla, no tiene librerías, y lo mismo ocurre en buena parte de Lima y Callao; por eso, muchos tenemos a la mano solo las sucursales de Crisol (a veces muy pequeñas o poco surtidas) y esas góndolas de los supermercados donde se ofrecen libros. Siempre podemos hacer safari a los distritos que concentran la mayor cantidad de librerías, o a los huecos que resisten en el Centro de Lima, pero en estos días de fin de año la consigna más saludable es moverse lo menos posible.

Por eso, si alguien te ha pedido “un buen libro” y no sabes cuál regalarle (porque temes no coincidir con sus gustos, porque el libro que te gustaría regalar es demasiado caro), insisto en mi recomendación: Millennium siempre será una alternativa segura. No conozco a nadie guarde un mal recuerdo de su lectura. Millennium es una saga policial, compuesta originalmente por tres libros (Los hombres que no amaban a las mujeres, La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina y La reina en el palacio de las corrientes de aire). Fueron escritos por el periodista sueco Stieg Larsson, quien murió muy poco después de terminar el tercero y sin haber visto publicado siquiera el primero: nunca se enteró del terremoto que su creación generaría alrededor del mundo.

En Suecia se abrió un exitoso Tour Millennium, que recorre algunas de las locaciones en donde se ambientan las novelas (y donde luego se rodaron las tres películas suecas inspiradas en la saga). También se hizo una versión gringa del primer libro, llamada La chica del dragón tatuado, protagonizada por Rooney Mara y Daniel Craig. Se han publicado novelas gráficas basadas en la historia de Lisbeth Salander, y la franquicia encomendó al escritor David Lagecrantz la redacción de los volúmenes cuatro y cinco (Lo que no te mata te hace más fuerte y El hombre que perseguía su sombra, respectivamente), bestsellers que, sin embargo, no han logrado ni lejanamente el impacto de los primeros libros.

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Mapa del “tour Millennium” en Estocolmo

Todos esos son datos referenciales: sirven para que te hagas una idea del éxito que tuvo la saga de Larsson, pero no son la razón central por la que justifico mi recomendación. Lo único que debes tener en cuenta es que es una historia alucinante, que atrapa desde el inicio y mantiene al lector conectado con su trama hasta la última página. Basta con que regales el primer libro: la persona que lo reciba buscará los otros por iniciativa propia.

Que una historia esté bien contada no es cualquier cosa: es el objetivo central que persigue todo novelista. Copio aquí (por segunda o tercera vez desde que tengo esta columna en Útero) la definición de “historia bien contada” que utiliza Vargas Llosa:

Para mí, una historia bien contada es una historia que el lector no tiene la impresión de leer, sino [de] vivir, una historia que, por su poder de persuasión interno, anula la distancia entre lo escrito y el lector, elimina esa actitud crítica con que, inevitablemente, nos acercamos siempre a un texto literario. Y, en un momento dado, da la impresión al lector de que las palabras se han eclipsado y que las reemplazan los hechos, los paisajes, la realidad pura, viva: una historia que parece vivida, no leída. 

Y exactamente eso le pasó a Vargas Llosa con Millennium. Hace casi diez años, en 2009, publicó una columna en la que reconocía que su larga experiencia como lector, profesor, estudioso y autor de novelas

[…] me ha hecho capaz de saber cuándo una novela es buena, mala o pésima y, también, que ella ha envenenado a menudo mi placer de lector al hacerme descubrir a poco de comenzar una novela sus costuras, incoherencias, fallas en los puntos de vista, la invención del narrador y del tiempo […]

Y, sin embargo, a pesar de ese defecto profesional que destruyó su inocencia como lector,

[…] acabo de pasar unas semanas con todas mis defensas críticas de lector arrasadas por la fuerza ciclónica de una historia, leyendo los tres voluminosos tomos de Millennium, unas 2.100 páginas, la trilogía de Stieg Larsson, con la felicidad y la excitación febril con que de niño y adolescente leí la serie de Dumas sobre los mosqueteros o las novelas de Dickens y de Victor Hugo, preguntándome a cada vuelta de página “¿Y ahora qué, qué va a pasar?” y demorando la lectura por la angustia premonitoria de saber que aquella historia se iba a terminar pronto sumiéndome en la orfandad. 

A la columna de Vargas Llosa yo solo le agregaría otra razón central para leer Millennium: Lisbeth Salander. La protagonista de la saga no solo es uno de los personajes más complejos y mejor logrados de la literatura: pronto se convertirá en un referente de conducta. Aunque existen millones de puertas hacia el feminismo, yo llegué a él guiado por la antorcha de Lisbeth Salander (¿no te gusta el feminismo? ¿No te gustan las feministas? ¿No te gusta nada que se parezca a eso, que hable de eso, que se acerque a eso? Más razones para que la leas o la regales. No te preocupes: la palabra feminismo no aparece en ninguna de las dos mil páginas de la saga, no hay activistas feministas ni monólogos feministas, pero el feminismo está allí). En este mundo de mierda que les ha tocado a las mujeres (hace 500 años pero también hace 100, y también hace 20, cuando Larsson empezó a escribir la saga, y con seguridad también cuando tu amiga o amigo secreto la lea; y también allí en Suecia y aquí en el Perú, a pesar de todas las distancias), Lisbeth Salander se erige como un ejemplo de resistencia, de sobrevivencia y de lucha.

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Detalle de un fotograma de La chica del dragón tatuado, adaptación norteamericana de Los hombres que no amaban a las mujeres, el primer libro de la trilogía Millennium de Stieg Larsson.

Lisbeth no existe, se supone, pero sus características están en todas partes, distribuidas en las mujeres de nuestro entorno, quienes poco a poco van llegando a la misma conclusión que ella: más temprano que tarde, hay que prenderle fuego a todo. Si quieres regalar un libro que, a la vez, sea una bomba, considera esta opción.