Pasajero Jueves, 29 diciembre 2016

Todos los invitados a “No hay cama pa’ tanta gente”, la canción del Gran Combo de Puerto Rico

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.

Más allá de lo que haya pasado con nuestras historias personales, es cierto que, en muchos sentidos, este fue un gran año de mierda: perdimos a figuras importantes y nos quedamos cada vez más huérfanos de siglo XX. Y sigue habiendo pobreza, guerras y refugiados, así como discursos de odio que sostienen esas atrocidades: ideas ya conocidas, que ya mataron a mucha gente (también en el siglo XX, mal que nos pese), y que se han reavivado en estos meses.

Y sin embargo, el 2016 muere ya; y nosotros, en cambio, aquí estamos. Yo sé que igual el cambio de año no garantiza nada, pero quizá nos da la dosis necesaria de voluntad que nos permite plantearnos algunos propósitos y entusiasmarnos, siquiera un poquito, con lo que vendrá.

Y si no es así, qué importa: como dice Rubén Blades, si se acerca el fin del mundo, lo que puedes hacer es bailar. Yo quería compartir con ustedes una canción de El Gran Combo de Puerto Rico, que no solo es una excusa para seguir en la fiesta: es también un hermoso ejercicio de la imaginación.

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Ilustración de Javier Chinchay Ríos, de BlackRat, para este post.

No hay cama pa’ tanta gente es la crónica de una parranda: el comediante y cantante puertorriqueño Tavín Pumajero invita a pasar Navidad, en su casa, a sus amigos. Estos son músicos, cantantes y estrellas de la televisión. Es como en Medianoche en París, la película de Woody Allen: las estrellas allí reunidas, comiendo, conversando, bailando y tomando.

Entre ellos están cantantes históricos como Yayo El Indio o Ramito de Puerto Rico (que sin duda prefigura a Héctor Lavoe), empresarios como Ralph Mercado, leyendas indiscutibles como Tito Puente y Celia Cruz. La lista está incompleta (no están Cheo Feliciano ni Maelo Rivera, por ejemplo), pero eso tiene que ver con los gustos de cada quien: toda lista de invitados es arbitraria.

Lo que importa es el ejercicio: ¿ocurrió de verdad una reunión como esta? Puede que sí, a pesar de las diferencias de edad (algunos artistas se llevan veinte o treina años entre sí), de entornos y de fama. Puede que sí, pero yo prefiero pensar que no, que no ocurrió, y que alguien se la inventó. Quiero pensar que alguien (puertorriqueño, por cierto) imaginó en una misma parranda a las estrellas de sus padres, a las suyas, a las figuras de la tele, todas haciéndose bromas y armando alboroto en la casa del anfitrión.

Muchos de ellos ya están muertos (todos estaban vivos en 1985, cuando la canción salió al mercado). Así que ahora, en el tiempo en que nosotros la escuchamos, de todas maneras es una fiesta inventada: como debe ser, al final. Los años se llevan a las personas que queremos y admiramos, y lo hacen sin piedad, pero, a pesar de todo, siempre podremos imaginarlas, en una larga borrachera de amigos, junto a nosotros.

***

Dejo aquí la canción con hipervínculos que dirigen a una canción emblemática del cantante u orquesta mencionados. Todas las canciones aparecen en esta lista de reproducción. Feliz Año Nuevo.

No hay cama pa’ tanta gente

En Navidad, fui invitado

a la casa de Tavín

para un tremendo festín

que, dijo, había preparado.

Allí llegó Pérez Prado, oiga,

Los Guaracheros de Oriente.

La fiesta estaba caliente:

Johny “El Men” casi dormía

y Eddie Miró le decía:

¡No hay cama pa’ tanta gente!

Vi al Gran Combo que llegaba

y a Ramito, el de la altura;

más atrás, Johnny Ventura 

con Yayo El Indio charlaba.

Roberto Torres estaba

con Javier Vásquez y su gente

y Ralph Mercado, de repente,

intentó apagar la luz,

pero gritó Celia Cruz:

¡no hay cama pa’ tanta gente!

¡Pa’fuera, Pa’la calle!

Willie Rosario y su orquesta

la salsa quería empezar

y Héctor Lavoe, al llegar (tarde),

encontró que La Selecta

ya se encontraba dispuesta

para alegrar el ambiente.

Y en una esquina, Tito Puente 

empezaba a pestañear

y volvió Celia a gritar:

¡AZÚCAR, no hay cama pa’ tanta gente!

Odilio junto al Gallito,

los vi en la mesa sentaos,

y Daniel Santos, guillao,

de ron se daba un traguito.

Tavín taba jalaito y así

dijo prontamente:

¡Oye, Machuchal

démele a esta gente

de café negro, una taza

y todo el mundo pa’ su casa:

no hay cama pa’ tanta gente!

¡Pa’fuera, pa’la calle!

Tírenlos pa’bajo

que son un peligro arriba.

Se llenan las manos de lechón

después se limpian con la cortina. Por eso:

Tírenlos pa’bajo

que son un peligro arriba.

Allá, allá se meten en el baño

y te lo dejan como piscina tú ves.

Tírenlos pa’bajo

que son un peligro arriba.

Se jartan y beben y se enferman,

después te dicen:

“Señora, ¿tiene aspirina?”

Tírenlos pa’bajo

que son un peligro arriba.

Oye, la verdad es que con esta gente

no hay quien pueda,

oye, son una amenaza.

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.