noticias , Pasajero Sábado, 30 junio 2018

Las niñitas, los maricas y los cobardes

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.
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Día del Orgullo en Lima, 2016. Imagen de EFE

Qué fácil era antes decirles maricones a los maricones. Ahora, en cambio, hay que aclarar, porque una cosa es decirle maricón (o cabro, o rosquete) a un homosexual, y otra es decírselo a una persona cobarde. Si no nos importa la diferencia, si para nosotros significa lo mismo, pues no hay problema, pero ¿qué pasa si no queremos decir lo mismo? Últimamente está mal visto decirles maricones a los homosexuales, pero, si se hace la adecuada precisión, todavía parece posible usar maricón como insulto contra los cobardes. Siempre que sean hombres, por supuesto.

Según el Diccionario, la segunda acepción de marica es “apocado, falto de coraje, pusilánime o medroso”, mientras que la tercera es “homosexual”. Ambos usos son despectivos y se usan para referirse a los varones. Esto es interesante porque, si combinamos ambos significados, salta la duda: ¿hay alguna relación entre cobardía y homosexualidad?

O mejor, al revés: ¿hay acaso alguna relación entre la valentía y la heterosexualidad masculina? Aunque parece que como sociedad hemos aceptado que tener los huevos bien puestos es tener coraje, la verdad es que no, la sola posesión de testículos no garantiza ni un poquito de heroísmo, coraje o garra. Y si así fuera, debería suponerse que esta se genera, también, en los testículos de hombres homosexuales.

Es más: en aquello en lo que realmente nos distinguimos de los homosexuales, es decir, en la orientación sexual, ellos tienen mucha valentía que sacarnos en cara. De nosotros se esperaba que fuéramos heterosexuales, así que no sorprendimos ni decepcionamos a nadie al cumplir con las expectativas. No tuvimos que confesar o declarar o hacer pública nuestra orientación sexual porque no era necesario.

En ese contexto, es importante recordar que todavía mucha gente exige una Marcha del Orgullo Heterosexual. Quiero pensar que no lo dicen en serio sino que intentan señalar el absurdo de celebrar como un mérito (y con orgullo) algo en lo que no tuvimos nada que ver, que forma parte de nuestra naturaleza (palabra clave) y que, finalmente, no decidimos. Visto así, claro, no tiene sentido. Nadie decide ser gay, lesbiana, bisexual o trans. No se escoge, como la inmensa mayoría de varones no escogimos que nos atrajeran las mujeres. Sucedió, simplemente (por eso se habla de orientaciones sexuales y no de opciones).

La diferencia es que a nosotros nadie nos persigue por eso. La diferencia es que no perdemos amigos, familiares y entorno. La diferencia es que las religiones nos bendicen y las leyes nos protegen. La diferencia es que nosotros vemos relaciones heterosexuales todo el tiempo en todas partes, así que nunca sospecharemos que lo que sentimos está mal o es prohibido. La diferencia es infinita, y no tiene que ver con qué somos sino con lo que hacemos con aquello que somos. Y para eso sí que se necesita coraje. Hay que ser valiente para resistir al miedo, oponerse a la familia, volver a quererse, decirse en voz alta, organizarse, defenderse, sobrevivir. Y no es el caso, pero si ser quien soy me demandara tanto esfuerzo y tanto sacrificio, si solamente ser quien soy fuera tan difícil y tan peligroso, por supuesto que me sentiría orgulloso de dar la batalla. Todavía los hablantes del español no hemos entendido que marica y cobarde son, en realidad, palabras antónimas.

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Solo para cerrar el círculo. De acuerdo al Diccionario, la primera acepción de marica es “afeminado”. Y si quedan dudas, aclara: “que se parece a las mujeres”. Eureka. Al final, de eso se trata todo. Por eso les decimos niñitas a los niños que lloran, niñitas a los niños asustados, niñitas a los niños delicados. Porque se asume que el llanto, la sensibilidad y el miedo son pulsiones naturalmente femeninas, propias de mujeres. Y es probable que por esa misma razón les digamos maricones a los cobardes: porque no son valientes, es decir, viriles, es decir, hombres. Y lo contrario de ser hombre, se entiende, es ser o parecer mujer. La homofobia, ya se sabe, siempre tendrá en el machismo a su mejor aliado.

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.