literatura , Pasajero Jueves, 22 diciembre 2016

 ¡Apareció la entrevista de Soler Serrano a Vargas Llosa! (1976)

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.

sin-titulo

Entre 1976 y 1981, en el programa español A fondo, el periodista Joaquín Soler Serrano entrevistó a muchas de las figuras más importantes de la literatura y las artes hispanoamericanas. La lista de invitados incluye, entre otros, a Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Juan Carlos Onetti, Salvador Dalí, Manuel Mujica Láinez, Jorge Amado, Alejo Carpentier, Manuel Puig, etcétera. Entre los creadores peruanos, están Chabuca Granda y Manuel Scorza.

Esas entrevistas llegaron a mí a través de Youtube. No hablo inglés, de modo que mi panorama de artistas a los que puedo escuchar directamente es muy reducido. Por eso, tengo cariño por estas entrevistas (así como por las conferencias que se pronuncian en Casamerica y la Cátedra Alfonso Reyes), cuyos audios me han acompañado en innumerables viajes por la ciudad.

Eso sí, no están todas las entrevistas en internet: son alrededor de 80 las que realizó el periodista español, pero en Youtube debe haber, completas o por fragmentos, cerca de 30. Dado que son antiguas, en muchos casos no aparecen todavía en red o las han subido incompletas. No he encontrado, por ejemplo, los programas íntegros con Carpentier o Jorge Amado. Y no hay ningún rastro de la entrevista a Quino, el creador de Mafalda.

Así como con Quino, otra de esas conversaciones que, hasta hace muy poco, estaba desaparecida, es la que sostuvieron Soler Serrano y Mario Vargas Llosa en 1976. Hace uno o dos años, publicaron un clip de un minuto con un fragmento, anunciando que la entrevista saldría “muy pronto”, pero pasó el tiempo y nada. Ya le había perdido el interés, hasta que, hace unos días, la encontré en mi canal de Youtube como una sugerencia.

Aquí está:

En el caso de Vargas Llosa, que es un escritor longevo, abierto a las entrevistas, y con una carrera literaria de casi sesenta años (Los jefes apareció en 1958), la documentación es muy vasta, por lo que esta entrevista no tiene el encanto de otras en A fondo, que a veces constituyen el único registro audiovisual de un escritor. Y sin embargo, no deja de ser un material interesante. Por lo menos para mí, hay dos momentos clave.

El puñetazo a Gabo (del 25:50 al 28:26)

No, no dice por qué se lo dio, pero esta es la primera vez en que puede vérsele reaccionar a la pregunta cuando ha pasado tan poco tiempo. En la entrevista, dice Vargas Llosa que están apenas a una semana de su cumpleaños número 40 (que será el 28 de marzo). Y el puñetazo a Gabo ocurrió en México el 12 de febrero de ese mismo año: apenas hay un mes de diferencia. Si tenemos en cuenta, además, que desde 1974 Vargas Llosa dejó Barcelona para instalarse en Lima, se entiende que el chisme esté tan fresco, porque la presencia del involucrado reaviva la polémica.

Como sabemos, además, Vargas Llosa y García Márquez no solo no eran desconocidos, sino que fueron muy amigos desde que, en 1967, se conocieron: mantuvieron ese mismo año una conversación en la Universidad Nacional de Ingeniería que se convirtió en libro (La novela en América Latina); Vargas Llosa dedicó su tesis de doctorado al estudio de la obra de García Márquez (que se publicó bajo el nombre de Historia de un deicidio); Gabo fue padrino de Gonzalo, el segundo hijo de Mario; y fueron vecinos en Barcelona hasta que Vargas Llosa retornó a Lima en 1974. Ambos eran, además, los exponentes más altos de lo que se llamó el boom latinoamericano, de manera que ese puñetazo en febrero del 76 (cuyas razones todavía no han sido aclaradas) sin ninguna duda generó revuelo en el medio intelectual de la época.

[Casi todos estos datos los he tomado de las notas que preparó el investigador Luis Rodríguez Pastor para El inconquistable, la versión transcrita de la entrevista televisiva que Beto Ortiz realizó a Vargas Llosa en el 2000].

fotos-gabo-ojo-morado-804x1024

Foto de Gabo con el ojo morado por el puñetazo de Vargas Llosa. Foto de Rodrigo Moya.

Más tarde, Vargas Llosa convertiría ese incidente en un tabú para el que encontró muchos escapes: una vez dijo que, si vivía hasta los ochenta años, lo contaría en unas memorias (pero, por un lado, sus memorias aparecieron mucho antes de esa fecha, en 1993, y por otro, este 2016 fue el año de sus 80 años, y no se pronunció al respecto). Luego dijo que si García Márquez y él merecían tener biógrafos, ellos debían encargarse de buscar la verdad (es curioso que tengan, de momento, el mismo biógrafo: Gerald Martin pasó 17 años investigando a Gabo, luego de lo cual publicó en 2009 Gabriel García Márquez, una vida, y ahora lleva ya algún tiempo sumergido en la biografía de Vargas Llosa).

Pero eso fue más tarde: en el momento de la entrevista, ni Vargas Llosa es tan intocable ni el asunto tienen tantas costras como para evadirlo. Y tengo la impresión de que Soler Serrano retrocede en su intención de saber sobre el tema, porque intuye que está pisando terreno privado. Quizá, si hubiera insistido un poco más, hubiera obligado a Vargas Llosa a decir un poco más de lo que dijo, que igual no fue mucho. Solo dejó en claro que las razones del incidente eran estrictamente personales.

La tía Julia, la felicidad y la sombra del padre (56:48 en adelante)

En los setentas, Vargas Llosa encara el humor por primera vez en su obra, y lo hace con resultados notables: publica Pantaleón y las visitadoras en 1973, e incluso rueda su versión cinematográfica (que dicen los que la han visto, empezando por él mismo, que es un desastre). Hacia 1976, está escribiendo La tía Julia y el escribidor, que saldrá a la venta al año siguiente.

Cuando Soler Serrano le pregunta a Vargas Llosa sobre el libro que está escribiendo, este comenta que está dedicado a una novela “que tiene que ver precisamente con el mundo de la radio”, y sintetiza brevemente el perfil de Pedro Camacho.

Nunca hace referencias a la contraparte autobiográfica que incluirá en dicha novela (la historia de su primer matrimonio con Julia Urquidi, su tía política). Esto puede deberse a simple pudor o, también, a que todavía no ha incluido esa historia en los borradores de la novela: según él mismo ha contado, la idea de insertar pasajes autobiográficos surgió después de empezado el proyecto, como una necesidad de otorgarle verosimilitud al relato.

Aquí pasa algo curioso. Inmediatamente después, Soler Serrano le pregunta a Vargas Llosa si es feliz (porque, en serio, da la impresión de serlo), y él da una respuesta más bien vaga: “No creo ser más infeliz o feliz que los otros. Creo que he tenido, bueno, mi ración de felicidad y de infelicidad, como todo el mundo”. Soler Serrano insiste en “los recuerdos más amargos” (creo que intuye por dónde va la respuesta), y le pregunta si estos se ubican en el Leoncio Prado, pero Vargas Llosa vuelve a torearlo: “Nunca he hecho una estadística”. Soler Serrano vuelve a la carga, y le pregunta si ha tenido momentos de crisis, y otra vez Vargas Llosa la deja pasar: “Por supuesto, sí, muchos momentos de crisis”.

Tengo la impresión de que Vargas Llosa rehúye hablar de su padre. Si uno hace el contraste entre esta entrevista y la que le concedió a Beto Ortiz en el 2000, donde aparece mucho más desatado y sincero, queda claro que ese recuerdo amargo es el de su padre: su aparición, su presencia, la convivencia con él.

Que no lo haya mencionado en 1976 puede deberse a muchos factores: no tiene la misma confianza en el entrevistador ni en sí mismo para tocar un tema tan personal; no lo ha hecho antes de manera directa. Recordemos que, aunque el Esclavo de La ciudad y los perros recrea esa parte de la infancia y adolescencia de Vargas Llosa, ocurre de manera muy parabólica. La primera vez que un personaje llamado Mario, fácilmente identificable con el autor del libro, haga reflexiones sobre su padre (fácilmente identificable con Ernesto Vargas, el padre del autor), será precisamente en La tía Julia y el escribidor, y centrándose solamente en la participación del padre en el matrimonio con la tía. Todo lo relacionado a la infancia violenta quedará expuesto en El pez en el agua, sus memorias, todavía unas décadas más tarde.

Soler Serrano intenta una vez más acercarse a los orígenes de Vargas Llosa, y empieza a preguntarle por el origen de sus familias. Hablando de cómo se conocieron sus padres, Vargas Llosa dedica estas palabras a su padre:

Mi padre era aviador […] Mi padre también ha sido un poco aventurero, ha sido muchas cosas: fue piloto, fue marino, fue periodista, y también un hombre nómada,  ha vivido en muchos sitios. Hasta que al final [mi mamá y él] se fueron a vivir a Estados Unidos.

Esa versión sintética omite muchas cosas fundamentales de la biografía: la desaparición del padre, el retorno diez años después, la vida juntos, la amenaza ante el matrimonio, etcétera.

Es curioso que, mientras se cuida de decir en público nada sobre su padre, Vargas Llosa esté recreándolo en una novela (o que esta idea esté a punto de aparecer en su imaginación como una posibilidad). Esa recreación será el punto de quiebre en la relación con su padre, que llegó a ser distante y cordial, pero con la publicación de La tía Julia se romperá sin remedio. Es curioso que la literatura se atreva primero y luego solo quede, a sus creadores, asumir las consecuencias.

Links:

Pueden revisar esta compilación de autores entrevistados en A fondo

Aquí hay otra, pero solo con autores del boom:

Aquí hay una página web que se encarga de armar una lista de quiénes fueron tooodos los invitados al programa.

Sigan al investigador Luis Rodríguez Pastor en su Página pública, y léanlo en Rocola Peruana. Nunca hay pierde.

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.