Pasajero Miércoles, 16 noviembre 2016

Elogio de J.K. Rowling, la bruja madre (I)

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.

 

El departamento en Leith

Donde todo termina abre las alas

Blanca Varela

Hisilicon Balong

Ilustración de Afloresmontufar sobre el proceso creativo de J.K. Rowling

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El documental de A&E sobre J.K. Rowling empieza con una cita de Harry Potter y la piedra filosofal. La frase es más un deseo que una profecía, puesta en boca de Minerva McGonagall:

«¡Será famoso… una leyenda… no me sorprendería que el día de hoy fuera conocido en el futuro como el día de Harry Potter! Escribirán libros sobre Harry… Todos los niños del mundo conocerán su nombre.»

Es evidente que la profesora McGonagall habla desde la ficción a la que pertenece: es una persona de mentira, es decir, un personaje, y se refiere a un niño que, como ella, tampoco existe en la vida real. McGonagall, Harry Potter, los niños que conocerán su nombre y el mundo que habitan: todos son creaciones de J.K. Rowling, quien al escribir estas palabras, como dice el documental, «no hubiera ni soñado que iban a hacerse realidad».

Es verdad que no lo había soñado: a principios de los noventa, Joanne Rowling es una joven inglesa que está cada vez más asentada en la clase baja. Acaba de salir de un matrimonio tormentoso que duró apenas dos años, vive sola con su hija pequeña, subsiste por un tiempo gracias a la ayuda social, está recuperándose de una depresión clínica que nunca se trata (contempla incluso la posibilidad del suicidio) y, según ella misma dirá más tarde, hasta entonces ha sido todo lo pobre que se puede ser antes de la indigencia.

En el apretado y caótico departamento donde vive, en Leith, Edimburgo, Joanne está escribiendo una novela que no tiene ningún público. Harry Potter y la piedra filosofal, el primer libro de la saga, será rechazado por trece editoriales antes de ser llevado a imprenta, y cuando por fin lo consiga, se colocarán las iniciales J.K. en los créditos, en vez del nombre de su autora, porque la editorial no quiere ahuyentar a los lectores con la noticia de que el libro fue escrito por una mujer.

No está haciendo esto por dinero: sabe que, de todos los caminos, escribir es el más improbable y largo para salir de la crisis en que está metida. No lo hace por su madre, que ya no podrá leer la historia: cuando Jo empezaba a escribir Harry Potter, su madre murió, luego del lento deterioro que produce la esclerosis. No lo hace por su padre, con quien tiene una relación distante y difícil (pronto dejará de dirigirle la palabra). O quizá sí lo hace por ellos, y por la crisis, por su hija, por sus fantasmas, porque ha acumulado fracasos en todo lo demás, por la certeza de que tiene que hacer algo con su talento antes de que se marchite y desaparezca para siempre. Lo hará porque ya no hay nada más que hacer.

Así que, efectivamente, cuando Jo Rowling hace decir a la profesora McGonagall que todos los niños del mundo conocerán el nombre de Harry Potter, no está pensando en nada más que su mundo de ficción. No sabe todavía que esa misma frase será luego traducida a sesenta y ocho idiomas (superada solo por la Biblia), que las novelas de Harry Potter venderán más de 450 millones de copias, que está escribiendo la que será la saga más leída de la historia. No sabe que está hablando sobre nosotros, los muggles, y sobre lo que pasará aquí, en el mundo real.

2

En otro documental, J.K. Rowling, que acaba de terminar el último libro de Harry Potter, vuelve a ese pequeño departamento donde escribió el primero de la saga.

nicolson-cafe

Placa del Nicolson’s Café de Edimburgo, en el que J.K. Rowling escribió algunos capítulos de Harry Potter

Las cosas han cambiado, por supuesto. Ahora, en cualquier momento del día, en cualquier lugar del mundo, hay alguien leyéndola. Es largamente famosa y querida. Es millonaria. Vuelve al departamento acompañada de una cámara que está grabando un documental sobre ella.   

Mi vida cambió por completo en este piso. Aquí me convertí en mí misma y vacié todo lo que tenía dentro. Mi vida era un auténtico desastre, pero fue liberador. Pensé: “Bueno, quieres escribir. Siéntate y escribe un libro. ¿Qué es lo peor que puede pasar?”.

El piso pertenece a otra persona. Rowling pasea por las habitaciones, comenta, se quiebra. Cuando ingresa al dormitorio, dice con asombro: “¡Dios mío! Cuando me fui era un desastre”. En efecto, la habitación luce ahora perfectamente ordenada, es cálida y encantadora. Al costado de la cama hay un estante con libros.

En ese estante, junto a otros, están los libros de Harry Potter.

Esa imagen cierra el círculo. En un estante que no es suyo, en ese mismo departamento donde estuvo a punto de perderlo todo, están ahora sus libros. Todo valió la pena.   

*  *  *

*Inicialmente, este artículo contenía más puntos, pero me di cuenta de que podía desarrollarlos mejor si los asociaba entre ellos, por afinidad. Los publicaré en otros dos post.   

*Aquí dejo los documentales sobre J.K. Rowling con los que me ayudé para escribir este texto, ambos subtitulados al español.  

El documental de A&E

El documental que aparece como material extra en la versión en DVD de Harry Potter y el príncipe mestizo

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.