literatura , Pasajero Viernes, 1 abril 2016

ESPECIAL: 80 lectores nos dan 80 razones para celebrar los 80 años de Mario Vargas Llosa

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.
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PAL FEIS. Ilustración de Javier Chinchay Ríos cedida a Útero.pe para esta publicación

Mario Vargas Llosa cumplió ochenta años el 28 de marzo. Para celebrarlo, Útero.pe dedicó todo el mes a escribir sobre él (bajo el hashtag #VargasLlosa80). Hicimos reseñas de algunos de sus libros (La guerra del fin del mundo y Cartas a un joven novelista). Hubo testimonios sobre lo que su existencia ha significado para nosotros (escritos por Regina Limo y Joel Moreno). Hablamos también sobre su defensa de las libertades (una historia personal de Hernán Migoya sobre la libertad creativa y, también, una compilación de Pasajero sobre los derechos ciudadanos que defiende Vargas Llosa). Hicimos una incursión por el humor en su obra, una selección de las portadas de sus libros en otros idiomas, una lista de algunos vídeos en los que el escritor da entrevistas, clases y conferencias.

Reseñas, testimonios, críticas, listas, selecciones. Y no ha sido suficiente: todavía queda mucho Vargas Llosa por decir.

Por eso, convocamos a nuestros lectores, y a personas dedicadas a diversas áreas (humanidades, ciencias sociales, artes, cultura, política, periodismo, etcétera). A todos les preguntamos lo mismo: ¿Por qué celebrar a Vargas Llosa? 

Aunque se mencionan distintos motivos (y no se deja de lado la crítica), hay un denominador común en todas las respuestas, y es que todas son, en realidad, testimonios. Al hablar de Vargas Llosa, estamos hablando de nosotros mismos, de quiénes éramos cuando lo conocimos y de qué cambió en nosotros luego de eso. Que alguien, en muchos casos sin habernos visto jamás, haya marcado de manera personal a cada uno de nosotros, y que en consecuencia nos sintamos en derechos de hablar individualmente de esa experiencia, explica un poco por qué lo estamos celebrando.

¿Por qué celebrar a Vargas Llosa?

Gastón Acurio
Cocinero

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Imagen: Andina

Por Santiago Zavala, cuando se pregunta en medio de la avenida Tacna “¿Cuándo se jodió el Perú?” Por Pantaleón Pantoja, al presentarse vestido de militar en el entierro de la brasileña y así rendir justo homenaje a su entrega patriótica. Por el Poeta, Gamboa y, sobre todo, el Esclavo y su trágico final en manos del Jaguar. Por don Felícito Yanaqué, héroe civil que con valor le hace frente a la extorsión. Y cómo olvidarlo, por Lituma que desde los Andes va camino hacia la Casa Verde. Por todos estos personajes y sus entrañables vivencias. Por todas esas horas felices de literatura que narra al mundo entero, historias que nacen desde el Perú.

 

Augusto Álvarez Rodrich
Periodista

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Imagen: www.duna.cl

Porque siendo el peruano más universal, tiene un sólido compromiso con lo que sucede, con lo que no sucede, y con lo que debiera suceder en el Perú, con una elevada y positiva influencia en el curso de las ideas relevantes en el país, lo cual realiza con lucidez y una gran honestidad intelectual. Porque ha hecho de su vida un compromiso permanente e inquebrantable con lo que cree y siente, y porque, cuando ha cambiado de opinión, lo ha hecho con transparencia y sin temor al cambio. En lo personal, porque leer La Ciudad y los Perros, cuando tendría yo unos diez años, la primera novela que leí, me volvió un lector entusiasta, de su obra y de la literatura.

 

Fernando Ampuero
Escritor y periodista

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Imagen: www.revistavelaverde.pe

Uno puede mostrarse o no de acuerdo con Vargas Llosa, como a mí me ha sucedido varias veces; uno puede o no simpatizar con sus exabruptos o con ciertas actitudes que adopta. Lo que no se puede, me parece, es dudar de su talento, coraje y honestidad. Sus mejores obras de ficción, al igual que sus polémicos ensayos, alcanzan el nivel de obras maestras. Mario Vargas Llosa es, como Paz, como Borges, un autor inmortal.

Ana Trelles
Periodista

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Imagen: Facebook Ana Trelles

“Pero está un poco loco” me dijo mi esposo hoy. Yo protesté: celebro a MVLL porque celebro la vida, la pasión, y la locura, sino qué aburrido sería todo! Celebro la valentía que tiene para hacer lo que le dicta su corazón, su conciencia., guste o no. Punto.  Sólo una persona que ha vivido así, como él, intensamente, puede crear mundos de ficción que de tan reales, uno voltea a buscar en qué parte de la historia se ubican sus personajes.

¿Para qué se lanzó a la Presidencia? Que se casó con la tía, después con la prima y ahora se enamoró de la socialité?  Que se peleó con Gabo, que el padre lo abandonó antes de nacer, que lo recluyó en el colegio militar, y un largo etc. su vida es un interminable rosario de vicisitudes donde yo encuentro de raíz , siempre, un sentimiento poderoso: el amor (al derecho y al revés)

Yo amo la imperfección de su humanidad y, por su puesto, los libros y el pensamiento que de ella emanan.  Por eso hay que celebrar a MVLL ,y sus 80 años, porque es vida pura.

 

Pedro Salinas
Periodista

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Imagen: Diario 16

Para algunos lo que importa en un escritor es lo que escribe, y no lo que dice. No es así en el caso de Mario Vargas Llosa, quien es lo que escribe, lo que dice y lo que hace. La imagen que de él delinean sus libros nos advierte del personaje de carne y hueso. Pero su honestidad intelectual y su calidad humana y sus posiciones políticas y su energía inacabable para comprarse pleitos por ideas en las que cree ardientemente han sido para mí sumamente iluminadoras y motivadoras durante muchísimos años.

Mario es nuestro principal escritor vivo, sí, pero también es, al mismo tiempo, nuestro principal referente en la lucha por las libertades en el Perú y en el mundo. ¡Larga vida, Mario!

 

Santiago Roncagliolo
Escritor

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Imagen: www.nyc-arts.org

Para miles de lectores en el mundo, el Perú es un invento de Mario Vargas Llosa. Quizá no han visitado el país ni leído sus noticias, pero han dormido en su escuela militar, visitado sudorosos burdeles amazónicos y sufrido los apagones limeños a través de las páginas de nuestro mayor novelista.

Vargas Llosa no sólo ha retratado el país: también ha ayudado a construirlo. Sus ideas, artículos y opiniones han guiado, inspirado y con frecuencia enfurecido a políticos y ciudadanos durante medio siglo de incansable debate para pensar un país mejor.

Pero en lo personal, para mí, Vargas Llosa tiene una importancia especial. Yo crecí en un mundo en que ser escritor parecía imposible. Él demostró que era posible, animándonos a mí y a muchos otros peruanos a seguir intentándolo, y a mantener viva la ilusión. Nunca dejaré de agradecérselo.

 

Rafo León
Escritor y periodista

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Imagen: El Comercio

No voy a detenerme en su obra sino en su significado como personaje ante el mundo: siempre suscribió la libertad como meta, valor y utopía, y como buen sartreano, vive tal cual lo que escribe. Vive y escribe y opina como le da la gana. Hay que ganarse el derecho a hacer lo más arriesgado y humano a lo que puede aspirar una persona con mirada de lince y escrúpulos democráticos.

 

Cecilia Blume
Analista

Imagen: vía Facebook Cecilia Blume

 

 

“Ahora que cumple 80 años tengo sentimientos encontrados. Lo admiro porque ha vivido regido por la pasión. Pero ha sido incapaz de usar esa misma pasión para enseñarnos a consolidarnos como nación. Lo querremos y admiraremos por sus obras; a algunos les gustará políticamente; pero otros lo veremos como el hombre que se perdió la verdadera oportunidad: dejar de lado los rencores y ser un referente nacional…”

Puedes leer completa la opinión de Cecilia Blume en este post de El Comercio

 

Juan Acevedo
Caricaturista

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Imagen: vía www.radionacional.com.pe

A los 20 años me vacilaba saber que Mario Vargas Llosa trabajaba 8 horas diarias escribiendo, yo quería ser igual dibujando. Aparte de sus novelas clásicas, gocé especialmente con Pantaleón y con Cinco Esquinas. Una novia me dijo que MVLL se las quería dar de vivo en materia sexual, pero que no le salía.

En Cinco Esquinas claro que le sale, me descubrí leyéndolo sonriente y me asombró dejar de comer y otras necesidades por seguirlo leyendo, fascinado, preso del relato lineal y los relatos sincopados. Que un pata de 80 años haga esto, me da esperanza, es como ver bailar en el escenario a Mick Jagger. Voy a entrenar para llegar así. Feliz cumpleaños, Conejo, te desea el Cuy.

 

Pilar Reyes
Directora editorial de Alfaguara

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Imagen: http://farm6.static.flickr.com/5798/22716756671_a3cd817159.jpg

“Yo dirigía la casa colombiana de Alfaguara cuando él comenzó a publicar con nosotros. Ahí nos conocimos, en 1997. Luego lo recibimos muchas veces en Colombia para lanzar sus libros. Desde que vine a vivir a Madrid, en el 2009, he tenido el placer de editar varios libros suyos. La relación profesional ha derivado, además, en una amical…”

Puedes leer completa la opinión de Pilar Reyes aquí 

 

Miguel Cruchaga
Ex dirigente del Movimiento Libertad

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Imagen: vía El Comercio

“Vargas Llosa, además de inspirar los cambios, se ha mantenido vigilante para protegerlos objetando los desvaríos, advirtiendo los peligros y contradiciendo los ataques injustos originados en la mezquindad o el prejuicio. Su estilo ha sido siempre tajante y severo y esto, algunas veces, resulta incómodo. Los ochenta años lo encuentran intensamente comprometido con ese rol…”

Puedes leer completa la opinión de Cruchaga aquí

Juan Gargurevich
Periodista

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Imagen: Andina

“Me he encontrado con Vargas Llosa varias veces: en su campaña política, en algunos eventos, y la última en Madrid donde tuve la satisfacción de que me dijera: “Oye, tu libro me hizo recordar muchas cosas que había olvidado”. Y es que hace ya más de diez años que conté la historia de su paso por “La Crónica”, un trabajo que editó el Fondo Editorial de nuestra Universidad. Debo añadir, finalmente, que el libro “Mario, Periodista” está pendiente para quien se anime a contar la frondosa travesía periodística de nuestro gran escritor…”

Puedes leer completa la opinión de Juan Gargurevich en este post de Punto Edu

Francisco Lombardi
Cineasta

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Imagen: El Comercio

 

“Un canal de televisión me propuso hacer una miniserie sobre Pantaleón. No estaba muy animado, hasta que a Giovanna Pollarolo, guionista que ha trabajado mucho conmigo, se le ocurrió una forma de adaptarla que me parecía interesante. Profundizando en el personaje central, este pasó de ser muy paródico, como es en la novela, a uno que tenía más drama…”

Puedes leer completa la opinión de Francisco Lombardi en este post de El Comercio

 

Alfredo Bullard
Abogado

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Imagen: vía roncuaz.blogspot.com

“¿En qué momento de jodío el Perú?”. La pregunta de Zavalita en “Conversación en La Catedral” es la más importante que la literatura le ha hecho a nuestra historia. Hasta hoy no tiene respuesta. ¿En qué momento se comenzó a desjoder? Tampoco está muy claro. Pero sin duda Mario Vargas Llosa tuvo que ver.

Alberto Vergara
Analista Político

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Imagen: tomada de wwwunmundoperfecto.blogspot.com

 

Llevo muchos años siendo hincha de Vargas Llosa. No solo del literato, sino del intelectual público; del político que sin ser uno profesional siempre ha jugado un papel tan importante y positivo en nuestra política. En este papel quisiera resaltar este episodio magnífico de MVLL el polemista, el intelectual y el político.

No está referido al Perú, sino a su mirada global a América latina y a la democracia como la encarnación de unos valores universales que no son negociables. Ocurrió en México. Si no me equivoco en 1990. Era un foro sobre la democracia en América latina.

Mi también querido Octavio Paz -que por esos días andaba reencontrándose con el PRI por la vía de Salinas de Gortari y que estaba a pocas semanas de recibir el premio Nobel- hizo una presentación en la cual excluía a México de la tradición autoritaria latinoamericana. Pero nuestro héroe Vargas Llosa salió al paso y le respondió ahí mismo, de visitante, con un aplomo y lucidez que conmueven.

Y lanzó un aforismo que se haría de mármol: México es la dictadura perfecta. Vean el nerviosismo que trasluce cuando toma la palabra, sabe la magnitud de lo que está por cometer y hasta pareciera que se le quiebra la voz cuando lo anuncia: “Espero no parecer demasiado inelegante por decir lo que voy a decir…” Respira hondo… y luego ya sabes que se viene el mejor Mario… Muy grande. (Y no se pierdan las caras que pone Octavio Paz).

Jorge Eduardo Benavides
Escritor

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Imagen: www.tempusnoticias.com

Mario Vargas Llosa ha sido y es aún hoy —con ochenta años cumplidos y una reciente novela en las librerías— un escritor en quien un alto número de narradores de al menos un par de generaciones han visto un modelo. Ya en un sentido muy personal, mi aprendizaje literario ha tenido mucho que ver con las magníficas obras que nos ha regalado en estas últimas décadas.

En cada una de ellas es posible advertir el entusiasmo por el desafío y la experimentación, tanto como el rigor, la disciplina y el pulso necesario del escritor que da todo de sí en cada una de sus novelas. Leerlo no sólo ha sido un gozo, sino una experiencia que me ha resultado invaluable.

Como pocos escritores hispanoamericanos del XX y principios del XXI Vargas Llosa nos ha señalado a una buena parte de quienes amamos la literatura algo que un escritor, sobre todo cuando es joven, corre el peligro de olvidar demasiado pronto: que escribir ficción es un oficio al que hay que dedicarle nuestro tiempo mejor y nuestro trabajo más honesto.

 

Fernando Vivas
Periodista

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Imagen: Punto Edu

Porque ante la arremetida de una cultura que sacraliza la acumulación de créditos académicos como requisito para el liderazgo de opinión; Mario Vargas Llosa demuestra la vigencia del artista/intelectual metomentodo, que ataca temas y conflictos que van mucho más allá de aquellos para los que se formó en las aulas.

Las decenas de honoris causas que le han colgado sobre el pecho -tan pomposos como las medallas de los generalotes- no le impedirán que pueda decir de la civilización del campus algo equivalente a lo que ya dijo sobre la civilización del espectáculo.

 

Eduardo Tokeshi
Artista plástico

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Imagen: Punto Edu

A los 17 años leí mi primera novela de Vargas Llosa y fue “La ciudad y los perros”, estaba resfriado, con fiebre y era verano, en ese estado febril se me mezclaron las voces del Poeta, el Esclavo y el Jaguar, Vargas Llosa desarmó mi universo en esos dos días de 1978 hasta que llegue a ese hermoso epílogo donde todo toma cuerpo, cerré la novela y ya no tenía fiebre.

La segunda novela la empecé una semana después, y fue ese gran fresco sobre el poder, la dictadura y la madurez que es “conversación en la catedral”, mi adolescencia fue entre gobiernos militares y me sentí totalmente identificado preguntándome en qué momento se había jodido el Perú.

Hoy, en medio de las elecciones, me pregunto cuántos postulantes a la presidencia y al congreso habrán leído o tendrían que releer esa novela maravillosa que nunca envejece y parece que siempre está volviéndose a escribir…tal vez les pueda servir de algo. en los años siguientes seguí leyendo a Vargas Llosa mientras pintaba y dejaba de pintar, me he reído, estremecido y he llorado entre sus páginas y hoy que lo veo publicado por la famosa colección francesa de “la pléyade” y en las portadas de las revistas del corazón lo imagino siendo el terco protagonista de su propia novela total.

Diana Chávez
Abogada

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Imagen: www.chimbotenlinea.com

Yo no voy a reciclar frases de Conversación en la Catedral ni voy a hablar de cómo la conversación de en qué momento se jodió el Perú sigue vigente. Mi primer contacto con Vargas Llosa fue muy poco original: en el colegio, por La cuidad y los perros, después de años de leer casi exclusivamente a las heroínas atormentadas de Jane Austen.

Recuerdo, como si fuera ayer, cómo quedé con la mandíbula en el piso cuando en las cinco primeras páginas un grupo de chicos violaba a una gallina y cómo buscaba desesperada, muerta de vergüenza como para preguntarle a alguien, los significados de expresiones que no había escuchado ni leído jamás.

Y recuerdo, ahora, con una carcajada, cómo tuve mi primer jalado de toda la vida por escribir en un resumen de lectura sobre la novela un “le corrió la paja” que fue a parar a manos de algún profesor que no entendió que de verdad lo ponía (en cursivas, además) porque no entendía lo que significaba, pero que iba de todas maneras porque seguro era algo importante. Supongo que puedo decir con tranquilidad y sin ningún tipo de malicia, que gracias a Vargas Llosa aprendí, a los catorce, qué significaba eso. Y bueno, que al final sí era algo importante.

 

Fernando Tuesta
Politólogo 

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Imagen: www.ius360.com

Se ha escrito ya casi todo sobre él. Un hombre cuya obra es tan extensa, como su permanente lucha por sus ideas. Personalmente he leído toda sus novelas y su libro autobiográfico “El Pez en el Agua”. Leer a Vargas Llosa produce enormes sentimientos, como sentir el Perú y su tragedia de esas “Conversaciones en la Catedral”, el fanatismo religioso en “La guerra del fin del mundo”, el lado descarnado de las disctaduras en “La fiesta del chivo” o el mundo escolar y adoloscente de la “La Ciudad y Los Perros”.

Pero la vida política de Vargas Llosa es igualmente respetada. Desde su inicial apoyo a la revolución cubana, su  cercanía a la socialdmocracia y su anclaje final en el liberalismo. Sin embargo, en el Perú este recorrido lo ha llevado a múltiples desencuentros. La derecha e izquierda tradicionales, lo rechazan. Limitada manera de ver a un hombre, que ha luchado tenazmente por sus ideas, con las que se puede discrepar, pero que siempre las construyó bajo la defensa de la libertad y los derechos humanos. Por eso, perdió en el camino a varios amigos de ruta, que abrazaron febrilmente el fujimorismo y/o el conservadurismo, posiciones antípodas de un demócrata radical como él.

Pero sobre todo, Mario Vargas Llosa, ha tenido la virtud de hacernos mejores personas. Gracias a él, como a todos los peruanos que luchan por un mundo mejor, el Perú ya no se joderá. Por eso, peruano universal, yo te estoy agradecido!

 

Alejandro Neyra
Escritor

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Imagen: El Comercio

Por enseñarnos a ser catoblepas

Vargas Llosa nunca se ha guardado secretos y ha hecho el esfuerzo por animar a los siempre atormentados escritores (diría que en especial a los peruanos) y hasta les ha dedicado su tiempo, que ya es bastante.

Cartas a un joven novelista es un conjunto de experiencias, prácticas y recomendaciones que alientan a quienes estén al borde de la desesperanza. Su máxima: el narrador es un catoblepas, aquel animal fantástico que se alimenta de sí mismo. Huelgan explicaciones. Mario es un maestro. 

Eduardo Adrianzen
Actor y dramaturgo

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Imagen: via Peru.com

A mis 18 años, yo era un imberbe sanmarquno y aspirante a escritor “serio”… porque no me quedaba más remedio (en verdad solo quería escribir telenovelas) Para colmo era izquierdoso, pero me ganaba el espíritu liberal y anti-cualquier fundamentalismo pro-soviético, pro-chino, pro-cubano o pro-lo que sea: solo era pro-juerga. Y una noche discutiendo de política, como el 99% de las veces, en el furor de la bronca, uno de mis mejores amigos me gritó con odio jarocho:
– ¡Vas a terminar siendo un Vargas Llosa! Y, como yo era su fan, me alegré y agradecí tantísimo esa “maldición” que:
1) Me fui a dormir feliz esa noche y
2) Mi buen amigo me odió eternamente por 3 días Así era el mundo entonces.
Vargas Llosa ya no era el engreído de los radicales, sino un liberal absoluto, tanto que a veces ya exagera. ¿Habrá cambiado la forma como muchos lo miran? Creo que no tanto. Y bueno: jamás seré “un Vargas Llosa”. Pero ¡qué bonito fue soñarlo aquel día de 1982! El año de “La guerra del fin del mundo”, además. Para mí, su mejor novela. Feliz cumple!

Gonzalo Zegarra Mulanovich
Abogado

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Imagen: www.diadelaenergia.com

¿Por qué celebrar a MVLL? En mi caso, por muchas razones, pero para resumir me concentraría en dos: una personalísima y afectiva, la otra pública y política. La primera, como es obvio, tiene que ver con la literatura, y la capacidad magistral que desplegó Mario para contarnos historias.

Algunas de ellas me han generado admiración por su ingeniería estilística, como Conversación en la Catedral, y otras me han conmovido de una forma muy íntima y existencial, porque me han ayudado a descubrir algunas de las complejidades y paradojas de la naturaleza humana, como -nuevamente- Conversación en la Catedral, La guerra del fin del mundo y la Fiesta del Chivo. Todas ellas han contribuido de alguna manera a moldear mi temperamento, y han sido jugado algún papel en mi educación sentimental.

Pero MVLL también ha influido en mi educación intelectual con sus ideas políticas, económicas y morales. Muchas de ellas son las mismas que me inculcaron mis padres, pero Mario tiene el mérito de haber liderado el movimiento que restituyó en el Perú la vigencia de muchos de esos ideales que yo aprendí como una excentricidad epigonal y casi anacrónica de los discípulos de Pedro Beltrán.

Confieso que tiendo a coincidir con MVLL cuando se trata de los grandes temas –el big picture digamos–, y a discrepar en cosas más específicas, en particular las que despiertan sus más viscerales reacciones. Pero, sopesando todo en su conjunto, estoy entre quienes encuentran que lo que Mario ha aportado al Perú y a la humanidad tiene un balance mucho más que positivo; ciertamente admirable. Y eso hay que celebrarlo, pues.

 

Rodolfo Pereira
Periodista y cineasta

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Imagen: Linkedin

 

UNO Mi abuela Grimanesa tenía en Celendín una pastelería de dulces de origen sefardita y cuando sus nietos llegábamos de vacaciones desde Cajamarca, esa habitación con puerta a la calle se convertía por las noches en una buhardilla alumbrada por velas, invadida por el olor a higos y almendras. Allí leí de un tirón La Ciudad y los Perros a la edad de doce años, en 1965. Era la primera vez que una historia llegaba hasta mí con la intención de quedarse para siempre. Lo mismo ocurrió con los diálogos de Conversación en la Catedral, la salvaje y desmesurada Casa Verde y ese portento maravilloso de La Guerra del Fin del Mundo.

DOS En los primeros años de la década de los setenta, lo vi feliz en la casa del poeta Santiago Aguilar, levantada en los extramuros de Cajamarca. Estaban además Alberto Escobar y Tomás Escajadillo. El poeta trujillano Manuel Ibáñez Rosazza, Carlos Esparza y yo, fumábamos a escondidas en un rincón de la sala, deslumbrados ante tanta palabra embrujada.

TRES Volver a verlo a fines de la década de los noventa en la Universidad de Princeton, donde MVL dictaba una cátedra sobre Literatura Latinoamericana, me permitió comprender, aunque años después, el verdadero significado de la partícula de Dios, que por entonces aún no había sido confirmada científicamente. Al ingresar al auditorio, de una forma casi automática, y sin proponérnoslo, todos los asistentes empezamos a arremolinarnos alrededor de MVL. Una palabra suya bastaba para salvarnos. El bosón de Higgs es esa partícula elemental que otorga masa a las otras que interactúan con ella. Es el inicio de todo. Sin el bosón, no somos nada. Es decir, nos da consistencia. Y como Mario, une todo lo disperso, produce coherencia. Él es entonces (como) la partícula de Dios.

CUATRO Nunca fui su amigo, pero sí un lector agradecido por tanto deslumbramiento

 

Gustavo Rodríguez
Escritor y comunicador

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Imagen: vía Trome

Si me dieran a escoger entre ganar un millón de dólares mensuales durante el resto de mi vida siguiendo las reglas de alguien y ganar lo justo para vivir según las mías, no lo dudaría en absoluto. Quizá mi mayor motivo para celebrar a Vargas Llosa se encuentre en esta certeza y en su incesante susurro para recordarnos que la libertad es un bien tan importante como el oxígeno, y del que solo nos damos cuenta cuando nos lo quitan.

Curiosamente, más que en sus novelas, ha sido en el propio autor donde más vibrante podemos encontrar este discurso. No es necesario recopilar sus opiniones contra las tiranías: que en la vejez le haya dado un abrupto giro a su vida en busca de lo que considera su felicidad es más elocuente que cualquier discurso en Estocolmo.

 

Martín López de Romaña
Escritor y artista plástico

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Imagen: www.utadeo.edu.co

En un pasaje de Las Ciudades Invisibles, de Italo Calvino, Marco Polo describe un puente, piedra por piedra, a Kublai Kan. Este último quiere saber en cuál de las piedras se sostiene el puente. La respuesta impacienta al emperador: en ninguna, en la línea del arco que éstas forman.

“¿Por qué me hablas de las piedras? Es sólo el arco lo que me importa”, refunfuña. “Sin piedras no hay arco”, se arriesga a decir el viajero veneciano. Esto representa, para mí, la literatura de Mario Vargas Llosa. En ella cada piedra, cada palabra, cada frase, está colocada en el lugar, tiempo y modo que le corresponde para construir la invisible línea de un arco que nos permite el viaje de ida y vuelta de la realidad a la ficción.

 

Jorge Bruce
Psicoanalista

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Imagen: www.codehica.org.pe

MVLL me honró invitándome a ser uno de los presentadores de El Paraíso en la Otra Esquina. Preparé mi texto metódicamente. Mientras entrábamos al ZUM de la U. de Lima, Mario nos dice a Szyszlo, Francesca Denegri y un servidor que, en vez de presentar nuestros textos, tuviéramos una conversación entre todos. El ZUM estaba abarrotado y mi mente entró en un gran vacío.

Cuando me tocó el turno de hablar, le pregunté a MVLL acerca de la relación entre las pulsiones anales y su teoría de los demonios en la creación, asunto que me interesa y sobre lo cual he escrito. Me respondió en el acto y mejor que cualquier psicoanalista, vinculando las emanaciones mefíticas y el aspecto repulsivo, antisocial de los demonios, reciclados por la literatura.

No en vano Freud afirmaba que los artistas tienen un acceso privilegiado a lo inconsciente. Al concluir la presentación pasamos a un cóctel. Un amigo se acercó y me increpó: “¿Cómo se te ocurre preguntarle en público a MVLL por sus “pulsaciones” anales?”

 

Laura Zaferson
Bloguera

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Imagen: vía @lamafiorella

Mi vínculo con MVLL tiene poco de literario y mucho de anatómico. Ocurre que lo primero que leí de él fue “Los Cachorros” y al hacerlo quedé fascinada porque en mi colegio nunca nos hablaron sobre sexo y, solo cuando se veían forzados a hacerlo por algún mandato curricular, a la vagina le llamaban “cofre” y al pene “llave”.
Entonces, conocer la historia del muchacho Cuellar fue, más allá de sensibilizador por el trauma que a él le tocó vivir, absolutamente iluminante para mí. El mundo reconoce a Vargas Llosa por ser un espléndido representante de la literatura latinoamericana, lo cual es cierto y valiosísimo. Yo, además, le tengo una gratitud particular porque con él aprendí lo que era una pichula y esas imágenes se quedan con uno para siempre. Gracias, Don Mario.

Hugo Coya
Periodista y escritor

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Imagen: vía Publimetro

Porque su obra permite una singular y apasionante travesía entre la realidad y la ficción. Lo real navega, a través de su pluma, por las turbulentas aguas de la imaginación, de lo imposible, de lo inexplicable, de lo humano, con una extraordinaria autenticidad, convirtiendo sus escritos en grandes radiografías de un instante, de una época o de toda una sociedad.

Su narrativa es también el barco por el que surca la tozuda defensa de sus ideas, muchas de las cuales van en contra de la corriente en boga y aún, a sabiendas, que lo sumergirán en turbulentos odios intestinos. El Perú sería menos de lo que es sin Vargas Llosa y su literatura.

 

Regina Limo
Escritora

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Imagen: Facebook

“Siempre sentí que tenía el deber de leerlo. Era un peruano que no solo había triunfado afuera en una época en que quedarse en el Perú, como diría Santiago Zavala, era joderse o tener que joder a otros, sino que había triunfado en algo que ni siquiera era considerado una profesión respetable: ser escritor…”

Puedes leer completa la opinión de Regina Limo en este post de Utero.pe

Leonardo Aguirre
Escritor

leonardo

Imagen: El Comercio

En “Asociación Ilícita”, libro que acabo de publicar, quizás el único personaje que queda bien parado ––uno entre más de cincuenta, lo que ya es decir–– es Mario Vargas Llosa. Uno de los peores: Alfredo Bryce.

Éste, justamente, relata que una tarde, hacia mayo del 68, entró con Mario a la librería parisina La Joie de Lire, y que ambos discutían sabrá dios qué asuntos, y que Mario eligió cuatro libros y los encastró en el sobaco y, absorto en la discusión, salió con los libros a la calle sin pasar por caja. Bryce, en principio, aplaudió al pendejo y celebró el “robo pluscuamperfecto”.

Sin embargo, Mario se dio cuenta del descuido a media cuadra de la librería: en palabras de Bryce, “regresó corriendo a la Joie de Lire a dar un millón de explicaciones y a pagar como un perfecto idiota latinoamericano”. A ése, más bien, aplaudo yo: no al pendejo sino al “perfecto idiota latinoamericano”.

 

Sonia Luz Carrillo
Poeta y periodista

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Imagen: hablasonialuz.files.wordpress.com

“Cuatro, dijo el Jaguar…” con esta frase, inicio de La ciudad y los perros de Mario Vargas Llosa he querido en muchas ocasiones – pronunciada con especial modulación- contagiar el virus de la literatura a adolescentes y jóvenes distraídos. Y eso porque a mediados de los años 60’, su potencia e enigma obró en mí un perdurable magnetismo.

Azar y causalidad, tensión entre Eros y Thatanos, el poder avasallando a los débiles, autoritarismo que aliena y empequeñece al individuo, se actualizan en una realidad bullente de rostros diversos, y dispara – usando novedosos recursos – una nueva forma de relatar desde lo múltiple esto que se dio en llamar una totalidad contradictoria. Una narrativa que luego amplió su espectro a lo universal. Y nos enorgullece.

 

Hernán Migoya
Escritor y guionista

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Imagen: vía canal-l.blogspot.com

“Después de que Vargas Llosa interviniese en el ruedo público a mi favor, todos callaron como cobardes. Fue muy interesante comprobar la influencia y autoridad moral del escritor de La casa verde en el panorama cultural español. Hubiese resultado gracioso, si antes no se hubiesen ensañado con mi persona, mi nombre y mi reputación, presenciar cómo la mayoría de mis linchadores agachó la cabeza y trató de desmentir lo que con tanto aplomo y desfachatez habían afirmado hacía sólo unos días. No, no, ahora ninguno de ellos quería censurar mi libro, faltaría más…”

Puedes leer completa esta opinión de Hernán Migoya aquí

Maria Jose Osorio Harmsen
Escritora y bloguera

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Autora de “Soltera Codiciada”. Imagen: tomada de c1.staticflickr.com/9/8738/17230551341_10a6402cd6_b.jpg

Recuerdo el día en que el mundo se enteró del romance entre nuestro Nobel e Isabel Presley. Un rejuvenecido Vargas Llosa dejaba por un momento las solapas de los libros para adornar las portadas de revistas de peluquería.  Era fantástico, era novelero pero no al estilo de sus propias novelas, sino se asemejaba más al culebrón de las dos de la tarde y eso lo hacía todo aún más jugoso. Este Vargas Llosa era más democrático, ya no solo le pertenecía a la élite literaria, ahora era parte de la farándula y el chisme del pueblo lo que provocó que sus histéricos y cultísimos seguidores salieran a defenderlo por las redes diciendo que el Mario escritor debía prevalecer  siempre y por encima del Mario pendejo.

Porque Mario es un pendejo, amigos. Es un escritor maravilloso pero no se lo presentaría a mis amigas solteras. Hablamos del hombre que se casó y escapó a Francia con su tía 10 años mayor que él, desafiando a la familia entera; el mismo que se dice, estuvo envuelto en un triángulo amoroso con ella y una mexicana y que esto contribuyó a que eventualmente la dejara para casarse con su prima Patricia, dos años después.

En el libro de Xabi Ayén “Aquellos años del boom” cuenta que con 10 años de matrimonio cumplidos, Mario consideró dejar a su esposa por una mujer llamada Susana, la cual conoció gracias a Bryce Echenique en un ferry italiano (no se porqué no estamos haciendo una película sobre esto #AlguienLlameATondero). La cosa aparentemente no prosperó y Mario se quedó con Patricia hasta la fatal llegada de la princesa de los tabloides españoles con la que pareciera estar escribiendo el último capítulo de esta telenovela o una nueva versión de Mambo #5 (a little bit of Julia in my life, a little bit of Patricia by my side…).

Por eso me resulta tan extraño, que su literatura parezca haber carecido de aquello que Mario siempre ha tenido en abundancia: picardía. “Es un gran escritor, pero no sabe escribir sobre sexo” me dijo alguna vez mi mamá y le encontré razón. Lo sexual no es tan sexy en la literatura de Vargas Llosa, no es un Ken Follet.

Parece eso sí que esto ha cambiado en su última novela donde, según me cuentan, no falta carga  erótica. Puede que Isabel haya logrado que a los 80 años, Mario escritor y Mario pendejo, se fusionaran. Salud por eso.

Miguel Villalobos (Man Ray)
Comunicador

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Imagen: Facebook Man Ray

La literatura siempre fue como mi segundo lenguaje, el materno, digamos el primordial, es el cine. Mi relación con las grandes lecturas ha sido un proceso de adaptación inmediata, de las hojas impresas a planos, diálogos e imaginarios movimientos de cámara. Recuerdo haber disfrutado los mejores cortometrajes, en esta interpretación simultánea, al leer a Ribeyro.

Sin embargo, el premio máximo en largometrajes jamás llevados al cine, se los llevaron siempre los libros de Mario. Es fácil identificar en ellos  la voz, las miradas e incluso la banda sonora.  Tal vez influyó en él haberse iniciado en la radionovela, pero quiero creer que es también una especie de “traductor” capaz de imaginar el plano, el traveling, el casting  y hasta la locación específica y, en el proceso inverso, transformar todo a líneas de texto. Si es así, Mario es el Neo de la Matrix literaria.

 

Laura Grados
Periodista

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Imagen: Facebook Laura Grados

Conversación en la Catedral es el clímax en la evolución de su literatura. Es La tía Julia y el escribidor y La ciudad y los perros elevados a la estratósfera.

Es un párrafo con mil historias en cada letra y todas adictivas. Nunca perdí la concentración al leer ese laberinto hecho escritura. Tampoco había perdido tanto el aliento leyendo.

Nunca me había sentido tan frustrada, tan ínfima, tan inservible, tan normal, tan ruin como cuando leí ese libro.
Acaso nunca más Vargas Llosa volvió a hacerme sentir tan desgraciada como con Conversación en la Catedral.
Nunca más nadie en este país pudo siquiera acercarse a este nivel de genialidad. Nunca más nadie pudo ser Vargas Llosa.

Morgan Quero
Analista político e investigador

morgan

Imagen: Captura YouTube

Tantas veces quise ser Vargas Llosa, padre, y no pude. A veces me daba náuseas, otras veces me atraía, algunas otras me conmovía, al final me rebelaba. Vargas Llosa no es el ganador del Premio Nobel, ni el político, ni el sartrecillo valiente para mí. Es un alter ego fatal de mi propia experiencia. De mi aprendizaje del mundo. De mi pasión por la literatura y la política. De la forma existencial de internarse en las paradojas más vitales de mi propio ser.

Socialista y revolucionario la mitad juvenil de su vida, liberal y capitalista la otra. Candidato presidencial derrotado. Autor de La ciudad y los perros o de la La guerra del fin del mundo, novelas cumbres de su literatura; pero también autor de pastiches e imitaciones de sí mismo en El paraíso en la otra esquina o Travesuras de la niña mala.

Vargas Llosa me enseñó a querer ser grande, a crecer, desde pequeño, en las contradicciones de la política y de la creación literaria. Sus ochenta años queman, porque la literatura es fuego, porque su ejemplo es el de las antimemorias, el de lo inimitable. Para escribir hay que olvidarlo todo. Y ser uno mismo. Como para hacer política también. Ese olvido es tu legado, Mario, la libertad. No es poca cosa, padre, no es poca cosa.

 

Adri Vainilla
Cantante, actriz, bloguera

adri

Imagen: vía ovejanegra.peru.com

Tengo por Mario Vargas Llosa, aparte de compartir un apellido, la más fresca admiración por su obra, vasta, genial, coherente, y por el estado permanente del intelectual comprometido, un  estado, que en estos tiempos que nos ha tocado vivir, brilla por su ausencia y se extraña cuando en la esfera pública, prima el cálculo pequeño y miserable. Es un referente  global y permanente en las ideas y la cultura de la libertad, que se opone al oscurantismo, la intolerancia, la desigualdad, el autoritarismo, la dictadura y la corrupción, que impregna nuestra sociedad periférica.

Sin embargo, lo del apellido es menos casual de lo que podría ser. Cuenta la tradición oral de mi familia materna que Carmen Ureta Vargas, abuela materna del Premio Nobel, aparece en una foto, junto a mi bisabuela Juanita Caballero Vargas de Vargas, madre de mi querido y recordado abuelo Fernando Vargas Caballero.

En La Tía Julia, en un pasaje, se narra la historia de una joven de la sociedad tradicional peruana que se fuga y se casa con su novio de origen chino. La madre de la joven nunca le perdono la trasgresión social en una aldea anquilosada en la discriminación y la exclusión. Esta historia es idéntica a la que protagonizaron, hace varias décadas, mi tía abuela Eliana Vargas Caballero, su novio y mi bisabuela Juanita.

 

Daniel Titinger
Periodista

daniel

Imagen: Stefany Aquise

Así como hay escritores que crees conocer e incluso querer solo con leerlos, hay otros cuya obra genera distancia. No es malo. Se trata de un asunto casi reverencial: nos empequeñecemos ante la maestría de un relato, o algo así. Mario Vargas Llosa, un dios en frac, me ahuyenta, lo respeto con cierto temor. Una vez quise que me autografiara un libro, y salí de la fila cuando lo tuve cerca: era suficiente. Prefiero leerlo. Subrayar algunos párrafos mientras me tiembla la mano.

 

Anya Bartels-Suermondt
Fotógrafa

mvll

Fotografía: Anya Bartels-Suerdmont

Tuve el honor de compartir varias veces como vecino en el burladero el amor para los toros en la madrileña Plaza Las Ventas con Mario Vargas Llosa. “Elegante, amable, carismatico, aura de toneladas de sabiduria y cultura…. Si “se torea como se es”, se puede decir “se escribe como se es…. Vargas Llosas obra es como el. Es porque al mundo nos encanta tanto leerle… ¡¡Felicidades y Olé Maestro!!

Eduardo Villanueva
Profesor PUCP

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Imagen: Punto Edu

MVLL es para mí todo mi salón de cuarto de secundaria leyendo La ciudad y los perros, tratando de discernir la trama, entender las referencias, captar los secretos. Planear una incursión a su casa en Barranco para preguntarle nuestras dudas. Jamás he leído un libro tan socialmente como esa vez en 1981, y tampoco he disfrutado tanto el descubrimiento colectivo.

 

Claudia Salazar Jiménez
Escritora

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Imagen: www.leeporgusto.com

Porque nos enseñó el significado de la vocación literaria en el Perú, lo de persistir en ella aún cuando todo parece estar en contra.

Si bien muchas veces discrepamos de sus ideas o sus novelas más recientes ya no nos emocionen tanto como las primeras, su pasión por la Literatura es un motivo para seguir queriéndolo.

 

Pierre Castro Sandoval
Escritor

pierre

Imagen: vía literaturaenpdf.blogspot.com

El otro día les conté a mis alumnos que Pichulita Cuéllar fue el primer personaje en el que yo me había reconocido. Como pusieron cara chistosa, tuve que aclarar que a mí no me había castrado un perrazo, pero que a los 13 también había llegado a un colegio nuevo y la historia de Cuéllar con Los cachorros parecía explicar mi propia vida.

Como no se les iba la cara de pendejos, los apunté con el dedo y le  advertí “No me vayan a decir Pichulita, carajo, porque los jalo”. Pero fue peor porque entonces sí se cagaron de risa. Ahora tengo que vivir con eso.

Quizás no se les olvide hasta la última clase cuando me los lleve de excursión a Tacna con Colmena y les cuente que en esa misma esquina, Zavalita se preguntaba en Conversación en La Catedral, ¿En qué momento se había jodido el Perú? A lo mejor ahí, mientras miran las combis, la basura y los gallinazos, comprendan que todos los peruanos somos Zavalita haciéndonos esa pregunta.

Y asimismo todos hemos sido también Pichulita, cada vez que nos hemos quedado inmóviles en la vida, como si el perro del horror nos hubiese arrancado de un mordisco los huevos.

 

Julio Arbizu
Abogado y exprocurador anticorrupción

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Imagen: www.diariolaprimeraperu.com

Yo tenía 16 años y mi padre quería que estudiara Derecho en la Universidad Católica. Yo, que para entonces había acometido algunos poemas y cuentos bastante pueriles, guardaba la secreta esperanza de estudiar literatura y ser escritor. Ese fue el norte de mi primer año de estudios generales, después de inscribirme en la facultad de Literatura a escondidas de mi padre.

Solo que un año después de esa decisión no entendía por qué no aparecía el escritor, por qué la página en blanco era mi compañera permanente. Hasta que leí una entrevista a Mario Vargas Llosa en la que decía con la suficiencia de ser un gran maestro de la literatura universal, que esta reclama disciplina y rigor.

Hasta entonces yo había entendido que la extrema prolijidad de su prosa, la hondura reflexiva de algunos de sus personajes y la capacidad para dotar de belleza a una cartografía de su tiempo, eran producto exclusivo de su inventiva y de las musas (no necesariamente corporeizadas) que lo inspiraban. Me equivoqué, Vargas Llosa es un genio, pero también un obrero de la literatura. Aprendí de él que la literatura es, como decía Heraud de la poesía, trabajo de alfarero.

Una vocación tanto como una devoción. Sin ambas para la literatura, al año siguiente decidí obedecer a mi padre y estudiar derecho. Un saludo para el maestro por 80 años de una vida intensa y perdurable.

Roberto Bustamante Vento
Arqueólogo

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Imagen: vía educaciontic.perueduca.pe

Gracias a Vargas Llosa, el Perú siempre será una especie de faro liberal sobre el resto del continente. Nadie como él para escribir y describir tan perfectamente cómo sería esa utopía liberal con la que algunos sueñan. Incombustible, mientras los diarios se vuelven cada vez más telegrámicos, Vargas Llosa es una especie de viaje en el tiempo, hacia otra época en la que se podía argumentar y plantear una posición, con la navaja entre los dientes, pero sin perder la elegancia. Hoy Vargas Llosa es un atavismo del cual nos debemos sentir orgullosos.

Incorruptible e inmortal. A ver, ¿cuántos pueden llegar a los ochenta años, con esa lucidez y esa rebeldía?

Fernando Iwasaki
Escritor

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Imagen: vía Terra

“Mi generación lo leyó en el colegio (en los 70). Por lo tanto, se trata de un autor que descubrimos en la adolescencia y sobre el cual informaban los diarios y las revistas. Para mí fue muy estimulante reconocer mi colegio –el antiguo Champagnat de Miraflores– en Los cachorros y también en La ciudad y los perros. Por esos años también leía a Borges, García Márquez, Ribeyro y Cortázar, y el nombre de MVLL formaba parte de esa constelación de escritores que para mí, como lector, representaba la literatura con mayúsculas…”

Puedes leer completa la opinión completa de Iwasaki en este post de El Comercio

 

Joel Moreno
Colaborador en Utero.pe

“Gracias a él aprendí que la democracia consiste en el pluralismo y la tolerancia, y que los intercambios de ideas enriquecen la vida social y cultural. Pero también, que esta armonía radica precisamente en que nadie debe imponer su pensamiento a la fuerza, (sea religioso o político) que la democracia se degenera si esto ocurre y que precisamente existe para que el individuo elija como quiere vivir.

Por esto es que debemos combatir sin miedo creencias peligrosas y casi bárbaras, como el nacionalismo y el fanatismo. También entendí la importancia de la autentica libertad para que la existencia sea plena, y que el estatismo y el colectivismo tienden a recortarla, a intentar destruir el espíritu critico y a corromper la totalidad de las instituciones…”

Puedes leer la opinión completa de Joel Moreno en este post de Utero.pe

Miguel Flores-Montúfar
Comunicador

miguel

Imagen: Miguel Flores-Montúfar

Al inicio de la década del sesenta, un joven escritor latinoamericano, radicado en París, ha terminado una novela que todavía nadie se anima a publicar. Cuando por fin consigue editor, la censura retiene el libro, demora la impresión, la hace larga. Obligado a releer su novela para corregirla, revisarla, perfeccionarla, el joven escritor empieza a desencantarse del resultado de su trabajo, que ahora encuentra menor, lleno de errores y limitaciones.

¿Qué hace entonces? ¿Llora su suerte? ¿Se consuela releyendo los párrafos felices que consiguió? No: piensa en otra historia, en otras dos historias que luego se unirán. Trabaja, insiste, sigue escribiendo. El joven escritor es Mario Vargas Llosa, que entonces tenía menos años de los que yo tengo ahora. La primera novela es La ciudad y los perros, y las otras dos historias que luego se unirían darían forma a La casa verde.

Haber producido una novela brutal y no mirar atrás, ni para arrepentirse ni para celebrarse: pensar en lo que viene. Hace algunos años, en una entrevista, Vargas Llosa dijo que no podía admitir que lo mejor ya lo había escrito. Eso, esa forma de huir de sí mismo, de desatender los consejos de quienes le recomiendan pausa o lugar seguro, de inventarse un camino para seguir avanzando, él solito, aunque nadie más esté en carrera.

Aunque tengo mil razones para darle las gracias a Vargas Llosa, hoy quiero quedarme con esta. Felices ochenta años. Y no te mueras nunca, ¿ya?

Puedes leer los textos de Miguel Flores-Montúfar sobre Vargas Llosa en Pasajero

Eduardo Dargent
Politólogo

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Imagen: Perú 21

El Vargas Llosa anti-fujimorista marcó mi juventud. A pesar de que el gobierno había hecho las reformas que el FREDEMO propuso, a pesar de que varios de sus amigos y correligionarios se mudaron con Fujimori y Montesinos, Vargas Llosa dio la contra.
Marcó la cancha con ideas poderosas que, por extrañas entre tanta derecha obtusa envalentonada, y también frente a izquierdas dogmáticas que llamaba “democrático” solo a lo que coincidía con sus objetivos, eran inspiradoras: hay que poner límites al poder y garantizar los derechos del contrario siempre.
O crees en el pluralismo de opiniones, en las instituciones, en la política como un conflicto con ciertas reglas iguales para todos, o no eres liberal ni un demócrata. En mi libro Demócratas Precarios reconozco a Vargas Llosa como uno de nuestros demócratas a secas.

Sebastián Castella
Torero

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Imagen: El Mundo

Moderno y abierto. Capaz de transmitir su sabiduría con deleite para el oído. Así me sorprendió Don Mario Vargas Llosa cuando tuve la oportunidad de conocerle en un almuerzo en la finca de un gran amigo mexicano, hoy ya desaparecido pero de corazón tan inabarcable como las letras del Nobel peruano.
Compartir experiencias con Vargas Llosa fue uno de esos momentos mágicos que quedan marcados en el alma. Porque de un Nobel se supone la sabiduría, pero lo que quizá uno no espera es su cercanía, esa manera tan difícilmente sencilla de dejar hablar a su magisterio, como si torease las palabras a compás. En aquella charla comprendí que esa pasión que me impactó en su libro “Travesuras de la niña mala” es, sencillamente, la manera de vivir de Don Mario. Y precisamente eso, la pasión, la entrega, la verdad, es lo que, en el toro y en la vida, distinguen a los más grandes.

José Alejandro Godoy
Periodista y analista político

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Imagen: Punto Edu

Aquel periodista miope

El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil”. El inicio de La Guerra del Fin del Mundo, colocado en una compilación de textos para sexto grado de primaria – y que leí por primera vez a los nueve años – me cautivó. Por primera vez, veía un gran retrato de un personaje ficticio, en pocas páginas y con una destreza idiomática hasta ese día desconocida.

Diez años más tarde, pude leer aquella novela de un tirón, gracias a mi curso de Narrativa en la PUCP. Y allí, junto con la trama que combinaba la intriga política, la crítica al fundamentalismo y las escenas de las batallas desiguales entre aquel grupo de iluminados encabezados por Antonio el Consejero y el ejército republicano brasileño, destacaba un personaje que, con su apariencia desgarbada, terminaba de dar unidad a aquel monumental relato coral: el periodista miope.

(Claro está, en las aulas universitarias, sabría que el desgarbado hombre de prensa era nada menos que Euclides Da Cunha, cuyo libro, Os Sertoes, fue la pieza que inspiró a Vargas Llosa para aquella obra de arte sobre la utópica Canudos).

A través del periodista miope, Vargas Llosa describe un prototipo de periodista del siglo XIX. Aspirante frustrado a escritor, asalariado de periódicos que respondían más a una línea partidaria que a la verdad. Un sujeto aparentemente mediocre y apocado que debe ser corresponsal de guerra y que, para colmo de males, queda ciego durante la batalla final por la rotura de sus lentes y debe ser auxiliado – y a la vez, redimido como ser humano – por dos figuras frágiles y ajenas a sus inquietudes intelectuales: un enano relator de historias fantásticas y la esposa de un arriero del nordeste brasileño, con quien descubre el amor y también la convicción en sí mismo. El periodista miope terminará escribiendo el libro definitivo sobre aquella guerra, a pesar que la vista no le alcanzó para ver la mayor parte de las escenas finales de su cruento desenlace.

Intuitivamente, el escritor peruano más laureado y conocido en el mundo pudo describir con precisión la esencia del periodismo. Apenas podemos asir la realidad y solo tenemos, como el cegatón hombre de prensa en Canudos, pequeños auxilios a nuestro alcance para poder comprenderla. No solo se requieren indispensables conocimientos intelectuales, sino también una mirada empática con el entorno. En medio de un grupo de utópicos cada cual más chalado que el otro – El Consejero, Galileo Gall, el Barón de Cañabrava y Epaminondas Goncalves -, el único que pudo concretar su sueño personal fue quien, en apariencia, parecía el más mediocre de aquel elenco que mezclaba anarquistas, republicanos, monarquistas y bandidos convertidos en brazo armado del integrismo religioso de Canudos. Y sabe que, a pesar de tocar las puertas de los poderosos para ejecutar la empresa de su libro testimonial, a fin de cuentas, difundir la verdad es un ejercicio que hace a solas y con poco apoyo.

Cierto es que Vargas Llosa ha plasmado otros modelos de periodista en sus novelas. La mediocridad e inconformidad de Zavalita y el regodeo en torno a lo sangriento y lo prostibulario de Becerrita en Conversación en la Catedral. Su alter ego director de El Panamericano, tratando de conjurar los desvaríos sensacionalistas de Pascual en La Tía Julia y el Escribidor. Y la exreportera de diarios chicha conocida como La Retaquita en la más reciente Cinco Esquinas. Y si bien, en todos ellos, resalta la maestría del creador de historias y arquitecto de tramas, nadie tan entrañable como el desgarbado periodista del Jornal de Noticias, convertido en corresponsal de guerra improvisado y, posteriormente, en un escritor de polendas. Tanto que, para muchos, nos inspira a insistir en aquella difícil tarea de presentar la realidad en medio de los nubarrones y nuestras propias cegueras (físicas e ideológicas).

Eloy Jaúregui
Periodista

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Imagen: Perú 21

1.

Muchos de mis libros yo no hubiera podido escribirlos sin el periodismo”, dice Mario Vargas Llosa y añade, “el periodismo ha sido “una actividad fundamental que ha alimentado en buena parte mi obra literaria. El periódico, en sí mismo es una fuente extraordinaria de temas”. Y lo dice un hombre que desde los 18 años vivió en las redacciones, en las bibliotecas, entre cuartillas y viejas máquinas de escribir como si encontrará ahí el laboratorio para atrapar las historia de las cosas, de las calles, de los personajes más extraños, de los hechos más apasionantes.

No me canso de admirar aquella foto que rescató el artista periodístico Heduardo donde está Mario Vargas Llosa con sus apenas 18 años a cuestas (1954) y esta retratado escribiendo en una vieja máquina Remington en la redacción del diario La Crónica. Ahí luce el mismo perfil. Narigudo y dientes de conejo. Camisa manga corta, reloj, lapicero en el bolsillo y la mirada amarrada a esa cuartilla palpitante –supongo— en medio del tráfago del diario, que aguarda la escritura de esa impronta que, pasados casi 60 años, hoy se erigen como la mejor del mundo.

La otra foto es cuando ya casado con su tía política Julia Urquidi logra tener hasta siete trabajos porque había que tener ciertas comodidades y no mentir al estómago. Y ahí luce en medio de cartuchos de viejas grabaciones, coordinando con una secretaria y al fondo hay un par de actrices de radio que supongo hablan a grito pelado donde alcanzo a distinguir a la española Lola Vilar. Esta vez MVLl. luce pulóver, corbata y bigotes. Parece un viejo pero nadie le creía porque su voz aflautada lo derrotaba con el rigor de la solemnidad. La redacción es de Radio Central (luego sería Radio Panamericana) donde algo tenía que ver el inefable Genaro Delgado Parker.

2.

Pero ya que estoy en fotos. Y la fotografía es la rumbera buena del periodismo, ahí está Mario viejo ya, a sus setenta tantos años sentado con su libreta de notas en el cementerio de Calvary en las Islas Marquesas donde se encuentra enterrado el pintor francés Paul Gauguin quien, genio, decidió dejar sus restos en la polinesia francesa para ser pasto de alimañas sicodélicas. Entre ésta y las otras fotos pasó un tiempo conmovedor ¿Escribiendo? Sí. Y sigue. Y es admirable. Y es ejemplo. Joder. No comparto sus ideas políticas. Ya habrá tiempo para ese desahueve. Pero como periodista, MVLl. es irreprochable. Y como deicida –ese que niega la creación de Dios— es genial al fundar un universo propio. Cito: “El hombre era alto y tan flaco que parecía siempre de perfil. Su piel era oscura, sus huesos prominentes, y sus ojos ardían con fuego perpetuo…”. Carajo, ni la Biblia.

Otros escritores lo fueron. Vallejo y Mariátegui trabajaron en el periodismo y antes que cualquier cosa, siempre en el periodismo ¿Merecían el Nobel? Sí. Entonces me aseguro: El periodismo mejora la calidad de vida e incluso, educa. ¿Y en el Perú de hoy? Otra vez, en bolero, lo dudo. Qué hacer, como diría Lenin. Leer a Flaubert, Carpentier y harto Vallejo. Pensar que se puede ser feliz trabajando en periodismo. Que sea mucho más que una pasión. Que obligue a ser honesto. Que disuelva las intolerancias. Que nos atiborre de sensibilidad, ternuras y libertad. ¿Se puede? Sí. Vargas Llosa lo viene construyendo desde hace más de cincuenta años no como oficio o profesión. No. Como un estilo de vida, el más precioso.

3.

Yo recuerdo aquellas frases que pronunció Vargas Llosa en 1997, cuando recibió el título de doctor honoris causa en la Universidad de Lima. En esa ocasión su discurso fue conmovedor. Nos decía a los que escribimos y que ayudamos a que los jóvenes aprendan a manejar también aquel “lenguaje de la pasión”, que ese alejamiento de otrora entre la ley de la calle y el rigor de la cátedra, hoy felizmente había desaparecido. Tenía toda la razón. Yo lo vivo a diario al conversar con los alumnos que llegan ásperos desde Los Olivos y fragantes de allá al sur, en “Eisha”. Entonces mi estremezco con una y otra y otra de sus frases.

Decía Mario: “Un escritor tiene la ventaja de que puede convertir un fracaso en materia literaria, y eso lo alivia. La escritura es una venganza, un desquite de la vida (…) Para hacer todo eso ha sido preciso mantenerse en forma, cuidarse, viajar, a Palestina, a Irak, a Afganistán, ha sido preciso ir al Congo, al Amazonas, al Pacífico en busca de Gauguin. La verdad es que no he parado. Y no pienso parar. Mientras tenga ilusión y curiosidad y me funcione la cabeza, que de momento creo que me sigue funcionando. La vejez no me aterroriza mientras pueda seguir desplazándome. Me acerco a la muerte sin pensar en ella, sin temerla. Mientras trabajo me siento invulnerable”. Eso y esto es el amor a la página en blanco, aquella que tenemos que embarazar dulcemente con ‘el sutil veneno de la perennidad’.

La escritura real y la de ficción se hacen poesía como los registros periodísticos de Mario Vargas Llosa que ha hecho que las noticias –esa materia prima del acto de facto– viajen codo con codo junto a sus desafíos literarios. En su libro El lenguaje de la pasión (Santillana, 2007) que reúne 46 crónicas-ensayos, brilla uno, el dedicado a Octavio Paz, que precisamente origina el título del libro y que al referirse al poeta mexicano, explica que sucumbió ante el afán de la novedad descritas en sus conferencias de Harvard y que luego lo obligó a publicar Los hijos del limo (Seix Barral, 1974) “como un sutil veneno para la perennidad de la obra de arte”. El comillado es mío. El título de este texto es de él.

4.

Para los que amamos la crónica periodística como un pretexto para escribir literatura encontramos en El lenguaje de la pasión una original provocación. Sé escribe como se vive. Unos de manera turbia y otros tratando a sangre y fuego encontrar la luminosidad. En Vargas Llosa cito tres libros que rasuran el pelambre de lo cotidiano. Son artículos abigarrados de rabia y belleza, tres conjuntos de ensayos –aquella literatura de las ideas–, agrupados en Contra viento y marea, Desafíos de la libertad y, por cierto El lenguaje de la pasión.

De éste dirá Vargas Llosa. “Los textos que componen este libro son una selección de los artículos que aparecieron en mi columna Piedra de Toque, en el diario El País, de Madrid, y en una cadena de publicaciones afiliadas, entre 1992 y 2000. “Desde niño me fascinó la idea de esa “piedra de toque” que, según el diccionario, sirve para medir el valor de los metales, una piedra que nunca vi, que todavía no sé si es real o fantástica. Pero el nombre se me impuso de inmediato a la hora de bautizar mi columna periodística. Una columna en la que, un domingo sí y otro no, me esfuerzo por comentar algún suceso de actualidad que me exalte, irrite o preocupe, sometiéndolo a la criba de la razón y cotejándolo con mis convicciones, dudas y confusiones”. Se entiende. Vargas Llosa está jodidamente condenado a escribir cada día. ¡Pero, vamos! Es una orgiástica penitencia.

Y si el Perú es un mapa de tesoros e inopias, invisibles y subrepticios para corsarios y escritores, para Vargas Llosa también resulta el escenario de fracturas tectónicas, arañazos institucionales y por qué no, también de crestas huesudas. Tocas con tu meñique y salta la pus, ya lo dijeron. ¿Leguía? Sí, pero antes. ¿Fujimori? Más y sigue. De ahí el merito de Vargas Llosa. Hace novela investigando. Odría en “Conversación en la catedral” está retratado tal cual, el sátrapa que fue. Y de la penúltima, “El Sueño del celta”: el irlandés Roger Casement –personaje de la poética del concienzudo—es el redivivo Joseph Conrad en el mismo corazón de las tinieblas.

Vargas Llosa como a la Señorita de Somerset, persigue a este Casement que fue ese paladín que se trincó a decenas de nativos en aquel Congo de principios del XX –ahí el rey Leopoldo II de Bélgica, se dice, mató 15 millones de nativos– contra el tejido de tarántulas, el cenagal de cocodrilos y la charca de colonos miserables. Y era marica. Y está retratado con fogosidad y arrebato en la última novela de nuestro Nobel. Librazo de jijuneta. Texto para colegio y pinacoteca. Casement investigado como se debe sondear a un alma dificultosa. ¿Quién no lo es? Digo, acaso no es el mismo Julio César Arana (Rioja 1864 – Magdalena del Mar 1952). Curioso, el peruano nació el mismo año que el irlandés pero pateaba con la otra pierna. Pero como el Casement, Arana fue un Coronel Kurtz, no en Camboya sino en el Putumayo. Y forjó un imperio a partir de la Peruvian Amazon Company, con matriz en Londres. El inmenso Mark Twain lo ubica como un criminal, el juez Carlos A. Valcárcel en su formidable texto, lo pinta como un genocida y Richard Collier lo llama “El barón del caucho”.

Arana, es una sombra que me persigue. Supongo que Vargas Llosa lo sabe y también lo tiene en la mira. Y como él, hay otros sujetos dignos de estar ajusticiados por la pluma del periodismo y la no ficción. Hiram Bingham –se tiró 46,332 piezas arqueológicas de Machu Picchu—por ejemplo. Y acaso el ladrón Mariano Ignacio Prado, quien desertó de las funciones de presidente del Perú, no merece estar en ese listado de nuestra historia nacional de la infamia. Cierto. No hablo de Fujimori, que ese es carterista. Digo, que ‘el celta’ de Vargas Llosa es una provocación para hacer del periodismo un ejercicio de dignidad y honradez. Ahí la prensa y la poesía, es la mejor erótica de nuestra quimera realmente existente.

5.

Yo he conocido un periodismo que es prácticamente el de la prehistoria”, el de las pequeñas imprentas en las que un periódico se iba montando con tipos móviles, uno a uno, durante horas, para ser después impreso. Una época en la que la línea divisoria entre el periodismo y la literatura se desdibujaba en muchas ocasiones.

Ahora, las cosas han cambiado. La tecnología ha dado un giro y el periodista se ha ido especializando. Pero el periodismo sigue siendo fundamental para alimentar el espíritu crítico de una sociedad. “No hay mejor manera de medir el grado de libertad de un país que consultando su prensa”, manifestó el intelectual.

La revolución tecnológica, con Internet a la cabeza, ha servido para afianzar esa libertad. Pero también ha traído consigo riesgos. “Ha creado una oportunidad para el embauque, las mentiras y las calumnias”, dijo Vargas Llosa. “A veces se produce una confusión en la que es difícil saber dónde está la verdad. Era una actividad más bien romántica y bohemia y el periodista era un actor de la bohemia que por la noche salía a pecar, en el límite de lo decente e indecente”.

 

 

Luis Delgado Bolívar
Ingeniero administrativo y profesor

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Imagen: Facebook de Luis Delgado Bolívar

A Vargas Llosa lo empecé a conocer cuando en el colegio, allá por 1972, me obligaron a leer “La Ciudad y los Perros”; no recuerdo el profesor o profesora que me impuso esa tarea, pero se lo agradezco. Desde entonces, leer otros libros fue cuestión de tiempo, “Los Jefes”, “La Casa Verde” y “Los Cachorros” le siguieron a la primera lectura y luego el resto de sus obras.

Dos de sus  obras me merecen un reconocimiento muy especial: “Conversación en la Catedral” y “La Fiesta del Chivo”, geniales. Pero hay otro Vargas Llosa que me merece mucho respeto: el periodista,  que escribía su columna “Piedra de Toque” en Caretas, El Comercio y actualmente en La República. Fue  fabuloso, y  en la década del 80 llegó a su máximo esplendor.

Década también en la que hace televisión, “La Torre de Babel” un magazine cultural espléndido con entrevistas y reportajes exquisitos y de una fina presentación, adelantada a su tiempo. Por esos años entraba a la base dos y leer sus columnas, así como ver su programa de televisión marcaron y forjaron de alguna manera mi vida.

30 años después, una mañana de octubre del 2010, me alistaba, como uno de tantos, para ir a trabajar y escucho en la televisión la gran primicia: Mario Vargas Llosa, Premio Nobel de Literatura.  Los ojos se me humedecieron de emoción y me senté a escuchar la noticia en todos los canales. Ese día, llegar tarde al trabajo estaba más que justificado. Gracias Mario.

 

David Villena
Profesor

Todos los grandes personajes de La ciudad y los perros que uno recuerda, aquellos que irrumpieron solemnes desde la primera lectura, y que vimos evolucionar a partir de sus individualidades, tienen algo en común: todos ellos sobrepasaron la historia que encarnaron y se incrustaron en nuestro imaginario hasta volverse parte de él. Seres tan únicos y universales como el Esclavo, el Jaguar o el teniente Gamboa transformaron a muchas generaciones para siempre a tal punto que hoy en día es muy difícil no pensar aquellas vidas como parte importante de nuestro propio pasado.

 

Héctor Alcalde Ludeña
Ingeniero

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Imagen del Facebook de Héctor Alcalde Ludeña

La obra de Mario Vargas Llosa está cargada de temas muy peruanos, nunca lo he sentido lejos, aunque muchos digan que nunca quiso ser peruano sus obras siempre han girado en torno a la realidad peruana y en algunos casos la realidad latinoamericana, manteniendo siempre las convicciones de libertad e igualdad. Leyendo a MVLL conocí parte del Perú sin salir de Lima, fue uno de mis impulsos de ser San Marquino y su obra fue la que hizo querer el hábito de leer.

 

Danilo Raá
Profesor

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Cuando leí La ciudad y los perros por primera vez, acababa de cumplir diecisiete años. Por entonces, todo a mi alrededor –mi casa, mi colegio, mi barrio, mi ciudad– me parecía aburrido, vulgar, digno del más hondo desprecio. La enfermedad del adolescente consiste en sentir que nada está a su altura.

Pero entonces llegó esa novela, la primera que le leí a Vargas Llosa. Y, sin exagerar, mucho de eso cambió. De pronto las calles, las plazas, las avenidas se volvieron la cosa más interesante del mundo. Y todo por una sencilla razón: por allí habían pasado el Poeta, el Esclavo, el Jaguar, mis nuevos amigos.

 

Leonardo Cárdenas
Crítico 

Tengo 27. Recién leí Conversación en La Catedral. Había leído La ciudad y los perros. También La guerra del fin del mundo, Los cachorros… Pero no fue hasta adentrarme en el universo de Conversación que descubrí la importancia mundial de MVLL. Salí de ese universo, tan distinto y tan semejante al que vivía, con la mente devastada, con la sensación de que un huracán se había desplazado desde esas páginas hacia mi entrecejo, había encontrado un camino hacia adentro y lo hubiese reordenado todo. Cerré el libro con una exhalación profunda. No podía ser el mismo. Tengo una deuda vitalicia con Mario Vargas Llosa.”

 

Jaime Cabrera Junco
Director de Lee por gusto

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Imagen tomada del Facebook de Jaime Cabrera Junco

Debemos leer a Vargas Llosa porque sus novelas, especialmente las primeras, nos ayudan a comprender nuestra realidad y complejidad como sociedad. Con La ciudad y los perros y Conversación en La Catedral, tuve la sensación de que sus personajes podía encontrarlos en la calle o en el transporte público. De esta última novela guardo un especial recuerdo cuando estudiaba periodismo en San Marcos en el año 2000. Vivíamos aún bajo la dictadura fujimorista y ese magistral libro escrito en 1969 me hablaba de otro dictador y de las tribulaciones de un joven periodista. De hecho, Conversación en La Catedral está entre mis libros favoritos.

 

Renzo Gómez Vega
Periodista 

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Imagen tomada del Facebook de Renzo Gómez Vega

Empecé a leer a Vargas Llosa el día que conocí la muerte. Tenía doce años, y Alberto, unos de mis mejores amigos del colegio, había muerto por un cáncer maldito. Hasta ese momento, yo era un niño iletrado, instruido por el Play Station. Alberto también lo era. Hasta que empezó a vivir en el hospital.  Fue allí, gracias a la recomendación de un tío –esto no lo recuerdo bien-, que la lectura lo tocó.

Alberto no volvió más al colegio. Pero su mamá sí. Regresó en un intercambio de regalos navideños para dejarme a mí y a unos chicos más, sus amigos más cercanos, unas cajitas decoradas con lacitos de colores. Mientras que los demás celebraban sus muñecos de Los Caballeros del Zodíaco, yo renegaba por tener entre mis manos un ejemplar de ‘La ciudad y los perros’. Cuando una tarde, mi madre me contó que Alberto no jugaría nunca más conmigo, lo primero que hice fue buscar ese libro y comenzar a leerlo. Cómo diablos no voy a querer a este huevón. Uno de mis mejores amigos habita en su obra.

 

Lenin Pantoja Torres
Crítico

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Imagen: Facebook

Lo destacable en la obra de Vargas Llosa es el recuerdo de su constante búsqueda creativa producto de su profunda insatisfacción literaria. Esta mirada crítica implica una posición reflexiva y agresiva que debe encontrar en Vargas Llosa no solo un referente respetable, sino un icono cultural que debemos enfrentar con violencia intelectual y ambición creativa para generar un cambio de paradigma en los modos de lectura y los mecanismos de escritura presentes en nuestro medio literario. El mejor homenaje consiste en criticar la posición que posee dentro de la literatura, así como él hubiera hecho con otro referente inmediato.

Carlos Novoa
Periodista y analista internacional

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Imagen tomada del Facebook de Carlos Novoa

En los veranos limeños era fácil caminar por el malecón de Miraflores y ver a Mario Vargas Llosa enfundado en un buzo azul caminando junto a algunos amigos y familiares. Una vez lo vi solo con una persona y me atreví a importunarlo para hacernos un selfie y darle la mano. Sentí que representaba a todos esos cuarentones de hoy que crecimos leyendo La Ciudad y los Perros o Conversación en la Catedral, libros que nos sirven a los peruanos para mirarnos al espejo.

Mario es consecuente con sus ideas, no habla jamás en voz baja y eso le provoca antipatías en todos lados. De allí a decir que aún no supera la derrota en las elecciones de 1990 es una demostración de que no se ha leído nada de su obra.

En el 2009 Vargas Llosa llegó a Caracas para debatir con el entonces presidente venezolano Hugo Chávez. Este lo había retado y jamás esperó que el escritor llegara a su país aceptando el debate. Finalmente Chávez se retractó, arrugó y no quiso debatir con Mario.

En 1990, Vargas Llosa llegó a México para un seminario sobre política y no tuvo ningún temor en decir que el gobernante PRI, con más de 70 años en el poder, era la “Dictadura Perfecta”. Su amigo Octavio Paz lo tuvo que ayudar a abandonar el Distrito Federal luego de que se armara tremenda polémica por las declaraciones del escritor peruano.

En el 2005 Vargas Llosa publicó el libro Israel-Palestina que causó controversia sobre todo en Israel. El escritor había sido un ferviente admirador de la cultura israelí, pero cuando el gobierno de Ariel Sharon afianzó su política de castigo contra los palestinos, Mario no tuvo reparos en criticarlos ácidamente, aun cuando esto significaba perder a grandes amigos en la comunidad israelí.
Ese es Mario Vargas Llosa, el que dice las cosas que piensa y las argumenta con pasión.

 

Javier Arnao Pastor, el Caminante
Lingüista 

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Imagen tomada del Facebook de Javier Arnao

A. Experimentación constante con las formas y registros narrativos. Puede que el Mario de las penúltimas novelas no sea el mismo. Sin embargo, en estos tiempos donde seudogeniecillos y falsos prometeos ponderan su decadencia y disfrutan de apalear en manada al nobel, aprovechando la avalancha de críticas, no hay que olvidar el afán constante de Vargas Llosa por reinventarse en cada novela. Por ejemplo, La tía Julia y el escribidor (al igual que Pantaleón y las visitadoras), novela no lo suficientemente ponderada, es, a nivel de discurso, una separación de los principios sartreanos y una apuesta por explorar el humor y una visión más carnavalesca del mundo. A nivel de técnica, es un intento por sumergirse en el imaginario popular de sus personajes y, más allá del abuso de la fórmula binaria de alternar dos historias que con cierta injusticia se le adjudica, reprocesa el formato de las radionovelas con fines literarios. Pese a ciertas limitaciones, a sus 80 años Varguitas no deja de experimetar. En su última entrega, Cinco esquinas, explora las relaciones lésbicas entre dos personajes, a lo que suma su consabida obsesión por el fenómeno de las dictaduras, la fujimontesinista, y el tratamiento de dos de sus apéndices: la televisión basura y la prensa amarilla.

B. Explotación de diversos géneros literarios. A pesar de que en la poesía, y tal vez en menor medida en el teatro y en el cuento, no haya mostrado la misma maestría, Vargas Llosa, contra lo que se ha afirmado ligeramente, es mucho más que cuatro o cinco libros. Muchos debemos a sus ensayos sobre escritores canónicos de las letras universales (Martorell, Flaubert, Hugo, García Márquez, Onetti, entre otros), así como a sus prólogos y a sus artículos periodísticos haber iluminado o profundizado nuestra propia perspectiva de un autor con ese estilo lúcido pero transparente que la crítica peruana contemporánea parece haber olvidado, y reemplazado por un inflexibe y esotérico lenguaje académico. No olvidemos, por supuesto, esa lección técnica disfrazada de conversación epistolar que es Cartas a un joven novelista. Esperamos, sin embargo, aún ese segundo tomo de sus memorias y algún estudio sobre Faulkner.

C. Modelo de escritor. Muchas veces, me he visto envuelto en discusiones acerca de la adhesión o rechazo visceral, sobre todo hacia sus novelas. Pero si a algún consenso hemos podido llegar es que, más allá de las estéticas y discrepancias ideológicas, lo que nos hace admirarlo es esa pasión obsesa e indesmayable que ha demostrado Mario desde sus inicios. La disciplina vargasllosiana para encarar el oficio literario no tiene parangón en las letras nacionales tan dadas, por temperamento y esnobismo, a la vida de escritor, olvidando que, más que un membrete, ser escritor implica sobre todo escribir. Emblemática es esa anécdota, contada por Julia Urquidi en Lo que Varguitas no dijo. La pareja había sido invitada para pasar un fin de semana en la playa. Llegado el momento, los anfitriones proponen ir a solearse y darse un chapuzón. Mario dice que les dará el alcance enseguida. Corrían los minutos y no aparecía. Preocupada, Julia va a buscarlo. Desde las escaleras, oía a lo lejos el repiqueteo furioso de las teclas. Al llegar a la habitación, encontró a Vargas Llosa soldado a su silla, abalanzado sobre su máquina de escribir. Creo que imágenes como esta son poderosas y en buena cuenta nos han construido su leyenda, una leyenda viva (y coleando a sus 80, le reviente a quien le reviente). Cada escritor forja, paralelamente a su obra, su propio mito, la forma en que quiere ser recordado. Y este quizá sea el mayor legado de Varguitas. Este es, creo yo, con firmeza, el Vargas Llosa que va a quedar, el que va a sobrevivirnos, porque, más que una lección literaria, la suya es una lección de vida, sea por deseo de emulación o justamente por simbolizar ese modelo de escritor (o de lector) que no somos. Como con los amigos (un escritor se va convirtiendo en uno), por contraste, un autor puede llegar a iluminar zonas de ti que no conocías, incluso, paliar con sus virtudes tus propias miserias. En estos tiempos donde están de moda los escritores que no escriben o se jactan de escribir cuando les da la gana, Mario muestra, con sus aciertos y falencias, que está vigente. Demuestra a su manera que hacer literatura no solo es escribir, sino todo lo que se hace alrededor de la escritura (leer, ver series, películas, viajar, amar, irse al hoyo, soñar, imaginar). Como el futbolista, que no solo juega cuando tiene una pelota en los pies o está en una cancha, el escritor también escribe aun cuando no esté escribiendo. Escribir, como jugar fútbol, es una actitud. Es más, parafraseando a Walser, ¿escribir sobre no escribir no es acaso escribir? No creo en el escritor profesional, pero sí en el escritor a tiempo completo. Esta es la lección que, a mi modo, le debo a Mario: el trabajo y la ambición.

 

Pam Loli Soto
Periodista

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Imagen tomada del Facebook de Pam Loli Soto

El televisor aún prendido y una voz que mencionaba un nombre y …luego se iba con el viento. Aún estoy en cama. Otra vez la voz. No, esto es una broma o es otro de mis sueños locos, otra vez. Una corriente hace saltar mi cuerpo y corro. Ahora ya frente al televisor –y sin el perro que me acompaña- un conductor repite la noticia. El Perú había dejado de estar jodido…o tan jodido como antes.

Batuque era la mascota de Santiago, este cuadrúpedo escapa un día mientras Santiago reflexionaba sobre su patria y sí mismo, comienza la búsqueda. Hoy el día ha dejado de ser como cualquier otro…y yo en mis apuros busco a mi perro. Este otro cuadrúpedo, escurridizo y negro puede andar en cualquier parte de la casa o se puede haber ido. Me acuerdo otra vez del Batuque. Bajo los muebles, las camas y un escondite que hizo para sentirse un poco más libre…no está.

Tengo que irme, andar de un lugar a otro, como si tuviera ocho trabajos en todo Lima, como si tuviera que esconderme con los amores prohibidos. Me apuro, ni desayuno, corro. No estás, Negro. Y, ¿en qué momento había dejado de estar jodido el Perú?…no es un lunes, señor Vallejo, es un jueves. Un jueves no santo pero digno de ser glorificado, un jueves que deja sus minúsculas para convertirse en su día, señor.

Falta la búsqueda en la última cama. Intento ver en la oscuridad, mi perro negro no está. Levanto la cabeza para que alguna reflexión caiga milagrosamente sobre mi y ahí está el, mirandome con sus ojazos negros, con las orejas despeinadas y la cara algo triste. Carajo, estás ahí…no estés triste, el ambiente ha cambiado para nosotros.

Me acordé otra vez de mi perro ya en el bus y me acordé también del Batuque, de Santiago, de Varguitas, de la niña mala y una tía. Traigo también a la memoria un texto que leí hace algún tiempo, de un crítico literario que todos los años amanecía viendo el anuncio del Nobel de Literatura. Decía él, que a pesar de que sabía que estaba ya muy lejos, no perdía la esperanza de escuchar “Mario Vargas Llosa” en una pronunciación forzada.

Creo que nuestro sueño se cumplió…esta madrugada había pensado lo mismo después de leer un titular sobre la próxima anunciación del ganador: Mario ya está muy lejos, dicen los especialistas, ya no se la lleva, ya pasó el furor por la literatura latinoamericana…aunque quién sabe y sí sale, ojalá. Me fui durmiendo con ese pensamiento, sin saber que otro mayor y feliz me despertaría. Tenemos un Nobel peruano…el mérito es de él.

 

Rómulo Torre Toro
Crítico 

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Imagen tomada del Facebook de Rómulo Torre Toro

Para muchos resulta muy difícil, y en especial en los últimos años, estar de acuerdo con Vargas Llosa. Y no me refiero al escritor. Me refiero específicamente a su faceta de intelectual, de analista cultural y político. En este terreno, como en el literario, las opiniones, las posturas y las apuestas del Nobel han envejecido, se han vuelto insustanciales o, para decirlo de manera menos dura, se han vuelto insuficientes para entender los fenómenos de nuestra realidad, de nuestro tiempo.

Sin embargo, debemos reconocer que cada vez que Vargas Llosa habla nos detenemos, paramos las orejas y nos echamos a pensar. Muchas veces para descubrirlo en error, para refutarlo imaginariamente, pero eso nos ocurre. Y esa consideración es la señal de su importancia. Durante mucho tiempo fue la cara más visible de nuestra intelligentsia y, consciente de esa posición, se dedicó a polemizar y discutir sobre todo aquello que desde su perspectiva merecía ser criticado, incluso a riesgo de resultar irritante o molesto.

Por eso sospecho que siempre nos detendremos cada vez que oigamos su voz en la radio o cuando lo veamos en las pantallas de nuestra TV. Y esa es suficiente razón para celebrarlo, no solo ahora, sino siempre.

 

Lenin Heredia Mimbela

Escritor

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Imagen tomada del Facebook de Lenin Heredia Mimbela

Mi historia personal con Vargas Llosa, como la de muchos, empezó en la adolescencia (a los trece años, para ser exacto), cuando descubrí Los jefes en la biblioteca de mi colegio secundario.

Recuerdo que mientras leía “Día domingo”, ese cuento sobre dos chicos de Miraflores que se desafían a nado por una muchacha, llegó un momento tan fuerte de tensión –justo aquel en que uno de ellos, después de muchas brazadas, y cuando está punto de llegar, sufre un calambre y empieza a ahogarse y el otro no sabe qué hacer, si ayudarlo o seguir adelante y ganar– que todo a mi alrededor desapareció. Dejé de leer, cerré el libro y entonces, sobresaltado, miré alrededor solo para comprobar si seguía allí, pues durante largos instantes había tenido la clarísima sensación de haber vivido en otro mundo.

Algo así de personal me sucedió con “El desafío”, aquel cuento donde un padre observa cómo su hijo muere a cuchillo a manos de un vecino. En este caso, el fogonazo no se dio tanto por la anécdota –que entonces me pareció algo enredada- sino por estar ambientada en Piura, en las riberas de un río que yo conocía de toda mi infancia. Tiempo después, con nuevas lecturas, descubrí que aquel cuento enredado le había servido a Vargas Llosa para ganar, a los veinte años, un premio que lo llevaría por unas semanas, y a despecho de muchos, a su anhelado París. Esta circunstancia, para decirlo de algún modo, lo hizo especial para su autor, y también para mí. Desde entonces, no dejo de recomendarlos.

Este fue, digamos, el gran despertar. En seguida, tal como sucede con un adolescente que descubre el placer, me sumaría con creciente entusiasmo a la fila de lectores-hinchas que tiene Vargas Llosa alrededor del mundo. Tenía dieciséis o diecisiete años, y los amigos de esa época fueron testigos de mi defensa, casi siempre cerrada, del gran valor de sus novelas y ensayos, e incluso de las posiciones políticas del escritor, pues yo asumía, ya que lo había leído de cabo a rabo, que el problema de quienes lo acusaban se debía sobre todo a que no lo entendían. Eso, por lo menos, creía entonces.

De ese periodo -de los dieciséis a los veintiuno, cuatro años en que procuré leer todas sus novelas-, aun sobrevive en mí la poderosa impresión que me dejaron El pez en el agua y Conversación en La Catedral. Los menciono en ese orden pues así los leí. El pez… no solo avivó en mí una vocación apenas aceptada sino que tuvo la influencia suficiente para formar y cuestionar mis primeras opiniones políticas. Conversación…, por su parte, cuya lectura recuerdo como un creciente estado encantamiento, me arrojó hacia una hostil de la política. Pero eso quizá no sea lo mejor. Antes que nada, Conversación… me abrumó por su construcción, por la vastedad de su mundo, por sus diálogos simultáneos y telescópicos y sobre todo por el espíritu escéptico y desencantado que la recorría. Fue un misil, y a esas alturas me fue imposible resistir su impacto.

Con el tiempo leí todo lo demás –La guerra del fin del mundo me devolvió la conciencia de su enorme talento, y La fiesta del chivo, en ese capítulo de las torturas, me conmovió hasta las lágrimas-, pero como ya estudiaba Literatura en San Marcos y leía a otros autores también poderosos, durante cinco o seis años, se fue gestando en mí cierto alejamiento con su obra. De pronto fui comprendiendo, por ejemplo, que aquellas páginas de El pez… que al inicio me parecieran tan prístinas, también estaban salpicadas por la ideología de derechas que su autor iba asumiendo.

Después vino el reniego. Sus opiniones cada vez más ciegas contra las izquierdas, y sus comentarios destemplados contra cualquier opción que no fuera la libertad de mercado. Luego, su apoyo a Alan García, que marcó un quiebre y me hizo detestarlo un tiempo, sobre todo porque él mismo me había convencido, a través de sus memorias, de las miserias, maldades y mezquindades del ex presidente, con el cual se amistaría solo porque ahora este era también un converso económico. Y varias otras cuestiones así.

Quizá, para mí y para muchos, ha sido instructivo que la experiencia con Vargas Llosa se haya dado de este modo. Pasar de un entusiasmo y encantamiento inicial, a renegar de él. Es bueno que así sea. Solo con un autor así se podrían dar las cosas de ese modo. Pese a esto, nunca he dejado de recomendarlo. Ante su obra, para cualquier lector, siempre será muchísimo más lo recibido.

Le preguntamos sus razones a nuestros lectores y a algunos amigos de Facebook y estas fueron sus respuestas

 

Angel Flores-Montúfar

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Ilustración de Ángel Flores-Montúfar

Luis Aylas V

A partir de “Conversacion en la Catedral” empece a respetarlo pero con “El pez en el agua” le agarre un sentimiento especial, luego vino el Nobel y en la primera entrevista a la pregunta insidiosa de una periodista sobre su nacionalidad respondio: Yo soy el Peru, eso lo eleva al altar de los peruanos mas universales.

Cristina Llanos Gallo

A Vargas Llosa le agradezco haberme mantenido entretenida en una clase aburrida de la universidad, que duraba más de 4 horas, y en la que aprovechaba para, camuflada al fondo del salón, devorar Conversación en la catedral. Algo parecido me pasó con La tía Julia y el escribidor durante un verano en Colán.

Mientras mis primas preferían salir a tomar con sus amigos en la noche, yo me quedaba en la casa riéndome a carcajadas con lo que le sucedía a Varguitas. Creo que ese tipo de momentos que uno disfruta con los buenos libros van más allá de la política, del supuesto resentimiento hacia el Perú -que no creo- y de cualquier negatividad hacia este tremendo escritor. Y esto sin caer en la huachafería, Niño bueno #VargasLlosa80.

Edgmar Cucho Junes

El primer libro que por curiosidad lei fue El Pez en el agua, una autobiografía y recuento de la campaña presidencial del 90, podra gustarnos o no su inclinacion politica, pero se mantiene vigente en sus comentarios. Como no vamos a celebrar es el peruano mas universal que tenemos, y por si fuera poco su obra ha sido merecedora del premio Nobel.

Carlos C Castillo

“La Ciudad y Los Perros”, genial, citadina, local, juvenil y racial. Totalmente novedosa en el formato de incluir varios enfoques muy personales que convergen en un mismo argumento. Inolvidable ese comienzo: “-Cuatro. Dijo el Jaguar”.

Pablo Chacón

Si hoy te critican tanto los chavistas de Venezuela como los fujimoristas en el Perú, y antes lo hicieron los pinochetistas en Chile y los castristas en Cuba, quiere decir que has hecho algo bien. Fíjense en los enemigos que tiene y se darán una idea de lo que vale. Una de las cosas más potentes que tiene como político es que no se fija en si los líderes son de derecha o de izquierda sino en si defienden o no causas justas.

Siempre ha rechazado el autoritarismo (defendió a Castro sólo hasta que empezó a reprimir a la oposición) y siempre ha escrito contra los que atentan contra la libertad. Es un tipo consecuente. Y además, por si fuera poco, un extraordinario escritor.#VargasLlosa80

Antuanet Cabello

Para mí, la vida privada de un escritor es irrelevante. Con sus historias he probado tantos sentimientos juntos que van desde las carcajadas hasta el llanto, desde la compasión hasta el odio. Mario Vargas LLosa te transporta y te hace partícipe de sus relatos, tiene ese don que pocos escritores tienen. He leído casi todos sus libros, y para mí seguirá siendo uno de mis escritores predilectos así como también un ejemplo a seguir para los jóvenes escritores. Razones para celebrarlo no faltan!

Mayra Pérez Márquez

Antes de leer las noticias que he podido encontrar en los diarios sobre Mario Vargas Llosa, he leído los tristes comentarios sobre él. Que es un resentido por las elecciones de los 90, que no es peruano sino español y por lo tanto no tiene que opinar nada de lo que ocurre acá porque no estará para padecerlo, que dejó a su esposa por otra y que encima es ateo. No sé si reírme por las barbaridades que leo o molestarme.

La primera vez que leí a Vargas Llosa fue cuando mi esposo me dijo que me iba a encantar La fiesta del chivo y tenía razón. La disfruté un montón, sufría, me indignaba, me conmovía, me reía y puedo decir que conocí bastante de la República Dominicana y de la dictadura, que padecieron los dominicanos, a manos de Leonidas Trujillo, ‘el Chivo’. Luego vino Travesuras de la niña mala donde detestaba siempre un poco más a la niña y rabiaba con Somocurcio. La tía Julia y el escribidor, por otro lado, fue una novela muy divertida, me vacilaba con las historias de Pedro Camacho y seguía a Varguitas en sus inicios como escritor y en su relación con su tía.

Pasaron muchos años para leer La ciudad y los perros, antes vi la película. Creo que fue el más duro de los que leí, donde hubo una mezcla de sentimientos por las ideas retorcidas de los personajes sobre algunos temas como la justicia, “la virilidad”, la lealtad y el amor, y por otro lado, el entendimiento hacia algunos de ellos y la impotencia ante ese sistema castrense del que no dejaría que mi hijo o hija ingresase.

Por eso me importa muy poco lo que la gente pueda decir de él. Me basta y me quedo con Vargas Llosa, el escritor.

Mauricio Noriega

La obra que más me ha gustado de MVLL, al menos la que más rescato en la actualidad, es el Sueño del Celta, obra sublime que cuenta la peripecia de un libertario Roger Casement, irlandés que dejó de lado su comodidad para hacer lo que consideraba correcto.

Con MVLL entendí el significado de libertario, alguien que considera a la libertad como su valor supremo, ya que esta le permite elegir y hacer aquello que considere correcto y alcanzar cualquier meta propuesta, siempre que no se atente contra el derecho de otras personas.
Es por ello que al margen de las doctrinas políticas y económicas, MVLL lucha frontalmente contra las tiranías y el abuso, contra aquellos regímenes que recortan libertades, sin importar si es de derecha o izquierda; incesante enemigo de Fujimori como de Chavez.

MVLL se manifesta a favor de las minoría sexuales, la libertad de culto, de pensamiento, de eleccion en el sentido amplio de la palabra (elegir que comprar, en que invertir, elegir en quien creer, incluso a quien amar). Lamentablemente muchos, manipulados por los medios de comunicación, es especial aquellos que practican la colusión y el monopolio, le guardan rencor, le atribuyen ser culpable de la pobre gestión del gobierno de Humala, como si MVLL hubiese puesto una pistola en la cabeza de cada uno y obligarlos a dar su voto. Nada más falso.

A MVLL no se le reconoce su contribución por poner al Perú en los ojos del mundo a través de su fantástica pluma. Sus relatos somos nosotros y nuestras vivencias, MVLL es Lima, es el Perú pero también es parte del mundo. Su genialidad es universal. #VargasLlosa80

Elly De Los Rios Bernardini

Tengo desacuerdos en lo político con él, pero Sí lo que admiro y celebro es como ha llevado su vida. Plena, sin poses y buscando su felicidad. Como debe ser. 80 años y no claudica en seguir viviendo intensamente.

Ana Maria

¡Feliz 80 y más! #VargasLlosa80

Es un genio y es Peruano,el primer libro que leí fue La tia Julia y el escribidor, después todo lo que pudiera conseguir de el. De hecho gracias a Mario mi mundo literario cada vez fue más exigente, hoy leo por lo menos 4 libros al mes. Admiro mucho a Mario Vargas Llosa, no sólo por su calidad literaria, si no, también porque es un luchador y un hombre que a su edad busca su propia felicidad… Grande MARIO!

Alejandro Flores Palomino

De la vasta colección de MVLL (de la cual aun me faltan algunos libros por leer) selecciono dos: La Guerra del Fin del Mundo, de la cual me enamoré cuando hacia una investigación en la vieja Biblioteca Nacional (y de la cual salí disparado a los libreros de Amazonas en busca de un ejemplar).

Un relato tan detallado, con cada personaje elaborado e investigado al milímetro, la historia que es tan absurda como atrapante (la rebelión contra la República, imagen del Anticristo para el Consejero y los suyos), un librazo que releo con mucho placer. Y el otro libro es La Fiesta del Chivo, porque apareció en un contexto nacional muy sensible y parecido al relatado en el libro (no era muy difícil establecer paralelos entre la dictadura de Rafael Leonidas Trujillo y la autocracia corrupta pero vigente en ese momento de Fujimori).

Llevo este libro en una alta estima ya que en esos dias de jóvenes universitarios protestando contra la violacion sistemática de las libertades que sufrimos todos aqui, este relato insuflaba aire puro a mi conciencia, la certeza de que hasta el mas tirano de los tiranos como fue el “Chivo” podía caer.

Tania Pizarro

Un hombre libre que dice lo que piensa y que piensa lo que dice. Nos guste o no. Y un escritor sin igual. La casa verde, Lituma en los Andes, La fiesta del chivo libros que adoro. Celebro à don Varguitas y sus 80 años.

César Ponce

Hoy, un gran peruano cumple 80 años Un chiquillo que a los 10 años de edad, recién supo “que su padre no estaba muerto” tal como lo había creído toda su vida. Un escritor que desafió las estadísticas y logró ser traducido a más de 30 idiomas, presentándonos a Pichulita Cuellar, El Poeta, Urania Cabral, Antonio Conselheiro, el Sargento Lituma, Felícito Yanaqué y tantos otros más ilustres.

Un ciudadano que en muchas épocas de nuestra historia, supo ser ese líder que necesitábamos cuando todo parecía gris, y que nos llenó de orgullo en el 2010 cuando de madrugada supo que sería el primer premio Nóbel que tendría el Perú. Ese es Don Mario Vargas Llosa. Un CIUDADANO.

Obviamente no es perfecto, y tal vez muchos dirán que sólo debería dedicarse a escribir. Yo personalmente espero que podamos seguir contando con el por mucho tiempo y que tengamos muchos mas peruanos universales que nos inspiren y nos muestren ese camino tan dificil que conduce a la consecuencia y al respeto de las libertades.

Mario Castillo Monge

#VargasLlosa80

La primera novela que leí en versión original y no en resumen para niños fue La Ciudad y Los Perros, a los 13 años. Hasta ahora, 32 años después, hay lugares de Miraflores y de La Perla en los que me parece ver como en película las escenas del relato. En mi vida solamente en dos ocasiones me he carcajeado mientras leía algo. una fue con “los Cojudos” de Sofocleto y la otra con los informes de Pantaleón Pantoja. Le debo a esa novela una lectura completa para reparar la pendejada de haber buscado sólo esas partes para leer.

El Nobel fijo que lo agarró pensando en otra cosa, su discurso en la ceremonia tuvo 4 errores históricos que se le colaron a su hijo el historiador Alvarete, quien dijo haberlo revisado.

Digan lo que digan, un gran narrador. Y también digan lo que digan, un soberano surtidor de huevadas en política. Su vida tiene dos errores inmensos. Uno, la política. El otro, meterse más de un par de fines de semana con esa tia que los va a dejar calvo, misio, seco y muerto.

Cesar Hugo Ñaña Vilchez

Hay muchas razones para celebrar a Vargas Llosa: La Ciudad y los Perros, Conversación en la Catedral, La Casa Verde, La Guerra del Fin del Mundo, La Orgía Perpetua, Historia de un Deicidio, Los jefes, Los Cachorros, La Fiesta del Chivo y El Pez en el agua. Yo le agradezco por esos libros. No sé si habrá cambiado mi vida pero Conversación en la Catedral es uno de los libros que más ha influido sobre mí.

Mona Rojas

Felices primeros 80s! Gracias por las risas, las miradas críticas, la honestidad para compartir su propia historia, los nudos en la garganta, los retratos entrañables de mi ciudad y mi país, la pasión. Gracias por tanto!!!#VargasLlosa80

Mchl Solorzano

Un gran maestro de la literatura universal. De obras sublimes. Pensador que me inspira gran respeto.

Elvis Armando Torres Varas

Esta fecha [la del ochenta cumpleaños de Vargas Llosa] se hará celebre porque es ilustre entre los ilustres y ellos son orgullo de las naciones. En unos años no solo sera útero sino todo el país. Sus aportes son valiosos para la humanidad, un ejemplo de vida intelectual a seguir.

Bruno Fernández de Córdova

Es difícil describir lo que uno siente por su escritor favorito, mucho más cuando uno se siente tan cercano, pero intentemos. De inicio digo que no me equivoco si señalo que Vargas Llosa ha sido la persona que más ha influido en mi vida (palabra grande, diría él). Nuestra relación inició el 2008 de modo distinto a como todos lo han conocido. Mi primer acercamiento fue al Mario periodista.

Recuerdo que leí sus reportajes sobre el Congo en El Comercio cuando la sección B aún llegaba en impresión aparte. Desde el inicio Mario me cautivó. Aún no sé con exactitud qué fue lo que me marcó de esos textos, pero sí la fuerza con la que transmitió el mensaje. Lo tenía que seguir leyendo. Así llegaron los libros. Tampoco mi acercamiento con estos fue Conversación en la Catedral, como el de la mayoría. Primero fue Travesuras de la Niña mala, luego vino El Pez en el agua y ahí, ahí todo cambió por completo.

El Pez en el Agua fue definitivamente el lazo con Mario. Lo leí en cuarto de secundaria y recuerdo que solo ese libro me permitió aprender mejor la historia contemporánea que leían mis amigos en el texto escolar. No eran solo las ideas, era el modo de escribir, la conexión con el lector, la identificación con el Mario estudiante. La idea de que el escritor –como en otras profesiones– se forja solo con constancia, con empeño.

Después llegaron Pantaleón y las visitadoras, La Casa Verde y los otros dos que reforzaron por completo la relación (sí, porque hay una relación escritor-lector que a estas alturas ya es inquebrantable): La tía Julia y el escribidor y La Fiesta del Chivo. El modo de representar el poder, la rebelión ante este, la tensión en La Fiesta del Chivo, la adrenalina del amor en La tía Julia y el escribidor, pero sobre todo esa constante lucha ante la opresión que siempre aparece en sus libros.

Ya estaba en quinto de media y Mario fue el mejor acompañante para el bullying escolar. Bien dice él que “la literatura es lo mejor que se ha inventado para defenderse contra el infortunio”. Mario, tu literatura me salvó en muchísimos aspectos. Desde ahí la historia no ha ido más que en crecimiento: lo seguí en las Cátedras de la Corte Suprema, allá por el 2010, hice cola por horas cuando realizó firma de libros el 2013 y sobre todo no he dejado de leerlo, de buscarlo.

Marito (todos tenemos un modo de decirle) no solo es un escritor o un intelectual, para mí es un referente, un refugio. Gracias por todo, Mario.

Susana Rojas

Realmente es un gran orgullo peruano nuestro Premio Nobel ciudadano del mundo que este 28 de marzo cumple 80 años y va a ser el primer escritor extranjero editado en vida en la colección de la editorial francesa Gallimard una recopilación de sus clásicos en papel biblia y en tapas de cuero, formarán parte de esta colección soñada por Mario y que lo maravilla como a nosostros por estos meritos de reconicimiento mundial.

En Arequipa se ha dinamizado el ambiente cultural con el fortalecimiento de la biblioteca MVL que actualmente cuenta con más de 30,000 libros donados por el Escritor y otros ilustres personajes, el impacto ha sido trascendente por la cantidad de suscriptores y además porque se ha creado la biblioteca itinerante que recorre 8 provincias de la Región llevando el mensaje de la importancia de la lectura y del libro en la formación de los niños y jóvenes, eficiente labor y administración del señor Mario Rommel Arce.

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Sigue compartiendo con nosotros tus razones para celebrar a Vargas Llosa. Si no tienes ninguna pero quieres saber a qué se debe tanto barullo (ya que tus contactos se la pasan, más bien, insultando al Nobel), puedes empezar leyendo sus novelas*. Es probable que allí encuentres algunas cosas que desconocías sobre ti mismo, que descubras tu calle y a tu gente convertidos en historias. Es probable que algunas de esas novelas te bauticen (y te condenen) como lector, y a partir de allí tu vida se hará, a la vez, más rica y más oscura: más interesante. Y entonces entenderás que estemos reunidos aquí, celebrando al culpable de todo.

*[Cinco de las mejores novelas: La ciudad y los perros, La casa verde, Conversación en La Catedral, La guerra del fin del mundo, La fiesta del Chivo. Cinco más, si ya te animaste: Los cachorros, Pantaleón y las visitadoras, La tía Julia y el escribidor, Historia de Mayta y Travesuras de la niña mala. Y luego, si quieres saber más del creador de esas historias brutales: El pez en el agua, sus memorias]

Felices [primeros] ochenta años, Varguitas.

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.