Pasajero Miércoles, 23 diciembre 2015

Estas son las canciones navideñas de Willie Colón y Héctor Lavoe que no puedes dejar de escuchar

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.

Willie Colón y Héctor Lavoe asaltan la Navidad

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Yomo Toro, Willie Colón y Héctor Lavoe. Imagen tomada de ytimg

Hacia 1970, Willie Colón tenía apenas 20 años pero ya había conseguido la confianza del sello para el que trabajaba, Fania Records. Les había dado hasta entonces cuatro exitosos discos, distintos en sus propuestas y, en verdad, cada uno mejor que el anterior: El malo, The Hustler, Guisando, y recientemente, ese mismo año, Cosa nuestra, acaso el primer álbum de eso que ahora llamamos salsa-salsa (allí están Che che colé, Ausencia, Sonero Mayor, No me llores más y Juana Peña).

Aprovechando esa confianza, Willie se acercó donde Jerry Masucci, el productor ejecutivo de Fania, y le comentó que quería hacer un disco de Navidad. Masucci le dijo que sí, que qué buena idea. Willie aclaró: quería hacer un disco de Navidad jíbaro, de música típica. Masucci le dijo de nuevo que sí, que lo hiciera, que en ese momento no tenía tiempo (así lo cuenta Willie en este documental). Con su aprobación, Willie se fue a trabajar.

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Willie es un nuyorican: un neoyorquino nieto de una puertorriqueña. Su experiencia humana directa es la calle, el barrio de Nueva York donde le tocó crecer: esa experiencia determinaría su trabajo musical. Puerto Rico, sin embargo, no es solo la patria evocada por sus mayores: su abuela juntaba dinero y, cada tanto, lo mandaba para allá, con la intención de que se alejara del peligroso Bronx de mediados del siglo pasado. Así, Willie conoció la Isla, y estableció con ella ese otro vínculo que marcaría su carrera.

A diferencia de Willie, el cantante de su orquesta sí había nacido en Puerto Rico: Héctor Lavoe, cuatro años mayor que Willie, nació en Ponce (la misma localidad de la que son Cheo Feliciano y Pete Conde Rodríguez). Héctor llegó a Nueva York ya adulto: su habla y sus influencias musicales, que bebían directamente de la tradición jíbara en la que había crecido, ya estaban adheridas a él. Willie encontró en Héctor un reflejo de su abuela y del mundo del que ella provenía, y supo explotar esas conexiones. Cuenta Willie: «Él [Lavoe] me enseñó español, yo le enseñé inglés. Yo tenía esta base de las calles del Bronx, y él tenía esta cosa folclórica de los campos de Puerto Rico: era una combinación increíble.»

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Willie era solo un niño cuando escuchó por primera vez un cuatro, ese instrumento parecido a una guitarra que es el emblema de la música típica puertorriqueña. La música la estaba tocando Yomo Toro en un club al que Willie no podía entrar por ser menor de edad (el show incluía a chicas bailando sobre la barra). Algunos años después, Willie recuperaría al cuatro y al mismo Yomo Toro: ambos serían fundamentales en el Asalto navideño.

Portada de Cosa Nuestra

Portada de Cosa Nuestra (1970). Imagen tomada de fania.com

El título, Asalto navideño, responde a la mística del gánster que recorre toda la discografía de Colón/Lavoe: a los ya mencionados, seguirían álbumes como El juicio, La gran fuga y Lo mato.  Sus portadas, diseñadas casi todas por Izzy Zanabria, representan la evolución de un matón, y se alimentan de la trama y la estética de las películas o series de moda por esos años (Los intocables, El buscavidas).

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El primer volumen del Asalto navideño salió al mercado en 1970. El segundo, en 1973. Ambos, pero sobre todo el primero, fueron grandes éxitos en ventas. Eso no es lo importante, por supuesto (en todo caso, lo es en la medida en que el éxito a Willie le permitió seguir explorando a su antojo): lo importante es que abrió el camino de la recuperación de la música tradicional de Puerto Rico, que fue incorporada y reinterpretada por otros salseros a lo largo de esa década.

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Portada del Asalto navideño (1970). Imagen tomada de listenrecovery

Asalto navideño es bastante más que un disco con villancicos. Los incluye, por supuesto, pero también incluye canciones sobre la fiesta navideña: la parranda, la comilona, etcétera, a las que revalora como partes de la tradición. Es, además, un disco sobre el amor a Puerto Rico. Y por último, es una afirmación de Puerto Rico, de lo puertorriqueño y de los puertorriqueños en Nueva York: con él, Lavoe y Colón intervienen en el debate sobre qué hay que hacer con la tradición: recogerla, revisarla, reinterpretarla, conectarla con otras, producir algo nuevo con esos elementos conocidos. Intervienen de la mejor forma en la que se puede participar en una discusión: con una propuesta.

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Los álbumes están aquí. Luego, abajo, voy a poner mis canciones favoritas de ambos discos. Feliz Navidad, a quienes la celebren, y sea lo que sea que celebren. Al final, como dicen Héctor y Willie en una de las canciones del Asalto navideño: Vive tu vida contento. Así, vivirás muy bien. Que, si te apuras, te mueres. Si no te apuras, TAMBIÉN.

Asalto navideño

Asalto navideño Vol. 2

Canto a Borinquen

La Banda

La murga

Vive tu vida contento

Esta Navidad

Cantemos

*Bonus track:

Hay enlaces a más canciones (y algunas otras anécdotas) en otros textos que escribí sobre Héctor Lavoe y Willie Colón: una remembranza de Willie por su cumpleaños 65, aquí, y una selección de las joyas caletas de Héctor que pueden encontrarse en Youtube, aquí.

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.