Pasajero Viernes, 18 septiembre 2015

Emma Watson & Hermione Granger: cuando el actor ES el personaje

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.

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Lisbeth Salander no es Rooney Mara ni Noomi Rapace, aunque ambas actrices la encarnan en las versiones cinematográficas de Millennium, la trilogía de Stieg Larsson. Ninguna de las dos es Lisbeth y, sin embargo, es evidente que Salander existe, o podría existir, constituida en una mujer o fragmentada en muchas: las rebeldes, las calladas, las súperinteligentes, las tatuadas, las vengativas, las leales, las que odian a los hombres que no aman a las mujeres.

El caso de Hermione Granger es distinto. Vi todas las películas de Harry Potter conforme iban estrenándose, lo que significa que crecí con los personajes de la pantalla (tenía 11 o 12 años cuando se estrenó Harry Potter y la piedra filosofal). Como no leí los libros, relacioné siempre a los personajes con los actores que los interpretaban. Por eso, para mí Hermione Granger siempre fue Emma Watson, y viceversa. Esa asociación (actor-personaje, autor-personaje),  en cualquier caso, podría ser arriesgada (cuando no una decepción). A menos que ocurriese la improbable y maravillosa casualidad de que el actor no solo se parezca al personaje y actúe como él, sino que en realidad SEA el personaje. Porque, efectivamente, Emma Watson ES Hermione Granger. En sus vidas hay determinados paralelos que no pueden pasarse por alto.

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Emma & Hermione tienen algo que decir. (Ilustración de AFloresmontúfar)

Emma Watson terminó la escuela con las más altas calificaciones (a pesar del trajín de los rodajes, obtuvo puntaje perfecto en ocho de diez asignaturas). Hermione, por su parte, fue la alumna más brillante de Hogwarts: en los años que estuvo allí, la inteligencia de ningún otro estudiante alcanzó tanto prestigio.

No hace mucho, Emma Watson obtuvo una licenciatura en literatura inglesa de la Universidad de Brown. Es imposible no recordar cuántas veces (en medio de la tensión y la desesperación de su entorno) Hermione recurre a los libros para encontrar respuestas. Es más: en su testamento, Albus Dumbledore legó para Hermione un libro: su propio ejemplar de la primera edición de Los cuentos de Beedle el Bardo. No fue solamente un regalo para alguien a quien le gusta la lectura: Dumbledore estaba seguro de que solo Hermione sabría leer (en el sentido de interpretar o descifrar) el libro como había que hacerlo. Años más tarde, Hermione traduciría este libro del texto original (escrito en runas antiguas), y publicaría una nueva edición.

Hermione, además, fundó la P.E.D.D.O. (Plataforma Élfica de Defensa de los Derechos Obreros), a través de la que buscaba proteger los derechos de los elfos domésticos. Su propia vida es una pelea contra los prejuicios y la discriminación: Hermione es hija de muggles, humanos que no tuvieron nunca relación con la magia y, por tanto, una sangre sucia (término que se opone a la sangre pura de los magos nacidos de magos). No tiene precedentes ni apellidos, ni la respalda una leyenda como la que precedía a Harry Potter. Esta condición la enfrenta muchas veces a la subestimación, la condescendencia, la desconfianza y, en algunos casos, el simple desprecio. Así las cosas, todo lo que tiene le pertenece por mérito propio, y no por ningún tipo de herencia (dinero, linaje, clase social, etcétera).

Inteligente, aguerrida y valiente, respetuosa de las leyes por principio más que por temor, Hermione es, según J. K. Rowling, una proyección de sí misma y de su propia consciencia feminista.

Precisamente, en setiembre del año pasado, Emma Watson pronunció un discurso ante la ONU en el que presentó #HeForShe (movimiento que busca involucrar a los hombres en la lucha por la igualdad de género).

Frente a los representantes del mundo, y consciente de las dimensiones que su fama, su talento y su inteligencia han dado a su voz, renunció al discurso vacío y general, propio de la estrella desentendida que presta su imagen para una buena causa. Emma Watson, en cambio, habló sobre los prejuicios contra el término ‘feminismo’:

[…] Cuanto más he hablado sobre el feminismo, tanto más me he dado cuenta de que la lucha por los derechos de las mujeres se entiende con demasiada frecuencia un sinónimo de odiar a los hombres. Si hay algo de lo que estoy segura es que esto no puede seguir así.

Para que conste, la definición de feminismo es la creencia de que los hombres y las mujeres deben tener derechos y oportunidades iguales. Es la teoría de la igualdad política, económica y social de los sexos.

Habló también de su propia experiencia como mujer que se ha visto y padecido los prejuicios machistas:

Empecé a cuestionar los supuestos de género a los ocho años, ya que no comprendía por qué me llamaban “mandona” cuando quería dirigir las obras de teatro que preparábamos para nuestros padres, pero a los chicos no se les decía lo mismo.

También a los 14, cuando algunos sectores de la prensa comenzaron a sexualizarme.

A los 15, cuando algunas de mis amigas empezaron a dejar sus equipos deportivos porque no querían tener aspecto “musculoso”.

Y a los 18, cuando mis amigos varones eran incapaces de expresar sus sentimientos.

Decidí que era feminista, y eso me pareció poco complicado. Pero mis investigaciones recientes me han mostrado que el feminismo se ha vuelto una palabra poco popular.

Aparentemente me encuentro entre las filas de aquellas mujeres cuyas expresiones parecen demasiado fuertes, demasiado agresivas, que aíslan, son contrarias a los hombres y, por ello, no son atractivas.

Y, sin embargo, reconoció (como anticipándose a las críticas que igual iban a llegarle) que su situación era privilegiada, comparada con la que viven la mayoría de mujeres en el mundo:

[…] Sé que soy una afortunada. Mi vida ha sido muy privilegiada porque mis padres no me quisieron menos por haber nacido mujer; mi escuela no me impuso límites por el hecho de ser niña. Mis mentores no asumieron que yo llegaría menos lejos porque algún día pueda tener una hija o un hijo. Esas personas fueron las embajadoras y los embajadores de la igualdad de género que me permitieron ser quien soy hoy. Aunque no lo sepan ni lo hayan hecho voluntariamente, son las y los feministas que están cambiando el mundo hoy en día. Y necesitamos más personas como ellas.

Habló, finalmente, del mal que el machismo nos hace a todos, de cómo mientras margina a las mujeres arruina también a los hombres, a quienes obliga a ser violentos, represivos y reprimidos.

Hombres: aprovecho esta oportunidad para extenderles una invitación formal. La igualdad de género también es su problema.

Porque, hasta la fecha, he visto que la sociedad valora mucho menos el papel de mi padre como progenitor, aunque cuando era niña yo necesitaba su presencia tanto como la de mi madre.

No es frecuente que hablemos de que los hombres están atrapados por los estereotipos de género, pero veo que lo están. Y cuando se liberen, la consecuencia natural será un cambio en la situación de las mujeres.

Si los hombres no necesitaran ser agresivos para ser aceptados, las mujeres no se sentirían obligadas a ser sumisas. Si los hombres no tuvieran la necesidad de controlar, las mujeres no tendrían que ser controladas.

Tanto los hombres como las mujeres deberían sentir que pueden ser sensibles. Tanto los hombres como las mujeres deberían sentirse libres de ser fuertes. … Ha llegado el momento de percibir el género como un espectro y no como dos conjuntos de ideales opuestos.

Si dejamos de definirnos unos a otros por lo que no somos, y empezamos a definirnos por lo que sí somos, todas y todos podremos ser más libres, y es de esto que se trata HeForShe. Se trata de la libertad.

Quiero que los hombres acepten esta responsabilidad, para que sus hijas, sus hermanas y sus madres puedan vivir libres de prejuicios, pero asimismo para que sus hijos tengan permiso de ser vulnerables y humanos ellos también, que recuperen esas partes de sí mismos que abandonaron y alcancen una versión más auténtica y completa de su persona.

Así es como Emma Watson, humana hija de humanos, orgullosa sangre sucia, tomó la palabra. Tomó la palabra, la mostró al público y la explicó. Estoy seguro de que, luego de eso, algunos miles de personas habrán entendido que el feminismo no es un discurso de odio contra los hombres, sino una apuesta por la igualdad. Miles de personas que antes rechazaban el término, ahora lo entienden y, de alguna forma, se asumen feministas. Miles de personas, así, de pronto.

Si eso no es magia, amigos, entonces qué cosa es.

*Una primera versión de este texto fue publicada en Nadie sabe mis cosas.

*Gracias al harripoterólogo Angel Flores-Montúfar y Mayra Pérez Márquez por los datos.

Miguel Flores-Montúfar

Soy comunicador y trabajo como profesor de lenguaje. He pasado tanto tiempo subido en buses, custers y combis, que escribo esta columna para encontrarle el lado positivo al asunto.